El camino a la ciencia: la educación científica en las aulas
¿Por qué se escogen las carreras científicas menos que otras ramas? ¿Cómo se puede motivar al alumnado a estudiar ciencia? ¿Qué articula la enseñanza científica en colegios e institutos? Dos profesores de la Universidad de León tratarán de desgranar el camino de la ciencia desde la primeras etapas

Los investigadores de la Universidad de León Francisco Javier del Pino y Carolina Blanco.
Según el último informe de la CRUE ‘La Universidad en Cifras’, la demanda de estudios de ingeniería y arquitectura ha disminuido un 17% y en las ramas de ciencia un 19% en los últimos 25 años. En el caso de las mujeres, esto es más acusado. El estudio ‘Mujeres en STEM Desde la educación básica hasta la carrera laboral’ elaborado por Esade revela que la tasas de mujeres sobre el total de personas matriculadas en grados universitarios STEM no llega al 50% en casi ningún caso, en grados como matemáticas es del 36% y un 13% en Informática. Una situación similar, pero con una diferencia más acusada sucede en las FP, donde de todos los graduados en formación profesional el 52% de hombres está en ámbitos STEM frente al 7% de mujeres.
Aunque la infrarrepresentación de mujeres en el ámbito científico se pone de manifiesto especialmente en el ámbito laboral, la brecha de género comienza desde las primeras etapas, ya que las mujeres eligen menos las carreras científicas. Un estudio elaborado por la Fundación Asofi, promotora del programa ‘Stem Talent Girl’, reveló que el 6% de alumnas de ESO de León quiere ser ingenieras, mientras que en bachillerato solo el 3% aspiran a ello. Según el mismo informe, las alumnas que participan en programas de orientación STEM cuentan con mayor confianza, seguridad e interés por cursar grados universitarios en ámbitos científicos.
Si bien los programas específicos son clave en la promoción de carreras científicas, el germen de esta cuestión se encuentra en las primeras etapas educativas, es decir, el colegio y el instituto. En Castilla y León, la ley de educación está recogida en el Bocyl, aunque está regulada por la Lomloe. Esta ley orgánica plantea un aprendizaje competencial, es decir, la evaluación por competencias a través de unos criterios de evaluación concretos. Francisco Javier del Pino y Carolina Blanco, profesores e investigadores del área de la didáctica de las ciencias experimentales de la Facultad de Educación de la Universidad de León, explican que «esto plantea un aprendizaje muy práctico para resolver problemas del entorno cercano del alumnado».
«En el caso de la ciencia, aunque también ocurre en otras materias, la práctica es muy importante porque muchas veces los alumnos piensan, especialmente en secundaria, que lo que enseñamos en las aulas está muy alejado de lo que necesitan en su día a día. En primaria, el aprendizaje es más activo, mientras en secundaria se enfoca más en problemas. Esta es una dificultad con la que se encuentra el alumnado. Gran parte del fracaso en ciencias viene vinculado a ello. La Lomloe nos dice que tenemos que evitar que eso ocurra en la primera etapa de la secundaria. El problema es que el sistema no está adaptado a ello», explica Carolina Blanco, quien añade que el reto es «adaptar esto en el día a día en el aula».
Las metodologías
La Lomloe plantea la adquisición de los conocimientos a través de las situaciones de aprendizaje que contextualizan el entorno cercano. Blanco expone que se trata de «solucionar desde las aulas problemas próximos al alumnado». «Para mí, una de las metodologías claves en este aspecto es el aprendizaje-servicio a la sociedad (APS). Este consiste en que el aprendizaje se produzca mientras resuelves un problema cercano al aula o del mundo. Se plantea un trabajo que cambie las formas de actuar a través de la resolución de un problema para conseguir un mundo mejor. Cuando era profesora en clase había una pregunta recurrente: profe, ¿y esto para qué nos sirve? Esa cuestión era constante en física o química», cuenta la profesora.
En primaria, el trabajo con lo cotidiano es «esencial», ya que como explica Francisco Javier del Pino «se trata de descubrir qué hay en tu entorno y ver cuál es la ciencia que hay detrás de ello». «Esto es algo que en muchos centros se plantea de forma más transversal. Se busca cambiar algo del propio centro: comportamiento, valores, mejorar la gestión de residuos…», recalca.
Un ejemplo de ello es el proyecto de creación de jabones reciclados del Colegio San Isidoro. «Los alumnos de primaria participan en un taller para crear jabones y luego los venden en el barrio. Los beneficios son donados a una asociación de discapacitados que está próxima al cole. Al final, su trabajo tiene una repercusión directa en su entorno. A mí esa metodología me encanta y la uso mucho en la universidad. La Lomloe va muy enfocada en mejorar el entorno en el que vivimos», añade Blanco.

Carolina Blanco y Francisco Javier del Pino, profesores e investigadores de la Facultad de Educación de la Universidad de León.
La universidad
Para el desarrollo de la ciencia y su promoción en la sociedad es crucial el papel de los centros universitarios. En León, existen varios proyectos para acercar las carreras científicas. El más célebre es Expociencia, un evento promovido por la Universidad de León, donde distintos investigadores explican en un mismo espacio sus proyectos y los visitantes pueden participar en experimentos reales. Aunque es el más conocido, no es el único.
Por otro lado, no se puede olvidar el papel que tienen los profesores en el desarrollo de estas actividades. Del Pino explica que «es muy difícil trabajar una persona sola porque requiere un sobreesfuerzo, por lo que cuando se juntan varios profesores crea un caldo de cultivo para que crezca en el futuro». Blanco enfatiza que «para los profesores, este tipo de iniciativas son muy importantes porque les dan referentes con los que trabajar para implantar metodologías en su día a día».
Como concuerdan ambos, los programas científicos son clave para despertar las vocaciones. Sin embargo, no es fácil adoptarlo en todos los cursos como en segundo de bachillerato, donde ambos declaran que estas actividades no tienen cabida, si bien recuerdan que el alumnado que escoge en bachiller ciencias es porque «ya tiene una motivación y se le da bien». En el caso de la ESO, la meta es «conseguir la alfabetización científica básica». «Es entender la ciencia en sí para comprender cómo está cambiando el mundo y formar ciudadanos críticos que tomen decisiones informadas y respetuosas con su entorno en su día a día para luchar contra las pseudociencias y la desinformación», afirma Blanco. Por su parte, Del Pino recalca que «la clave es entender por qué cambian las cosas y cómo evoluciona la ciencia en sí».
Si bien en los últimos años se ha buscado incorporar las nuevas tecnologías en el aprendizaje, los profesores alertan que puede ser un arma de doble filo, ya que su abuso «puede ser perjudicial», aunque «sea útil en ocasiones puntuales como para explicar conceptos abstractos». Los investigadores recalcan que «hacer un experimento es mucho más importante que hacer veinte simulaciones». En este sentido, Blanco avanza que la tendencia va a motivar la indagación propia del alumnado. «Se trata de ir investigando y que el resultado de la práctica sea la comprensión del experimento a través de prueba y error. La práctica laboratorio tipo receta, es decir, seguir unos pasos para llegar a un resultado, se está abandonando cada vez más». «La ciencia es ver qué problema tienes, qué quieres entender y cómo lo vas a abordar. Y también la comunicación, es decir, cómo transmites lo que has hecho en laboratorio a la comunidad científica», concluye Francisco Javier del Pino.

Infografía sobre la situación de la mujer y la niña en la ciencia.
Programas Stem para fomentar vocaciones
Por otro lado, la Universidad de Cultura Científica, promotores de Expociencia, también organizan una iniciativa que se trata de un campus de verano científico para alumnos de 4 de la ESO y Bachillerato, donde los grupos de investigación les enseñan sus proyectos. Blanco detalla que «esto es muy motivador para los alumnos».
Sin embargo, a pesar de estas iniciativas, la separación entre universidad y la educación preuniversitaria es todavía muy grande. Los investigadores recuerdan que «aunque los maestros y los profesores se forman en la universidad, al terminar se suelen distanciar de ella». Una situación que no ocurre en otros países, aunque «hay excepciones, ya que la universidad propone en ocasiones cursos de formación para profesores». No obstante, la formación continua es realizada por las consejerías y direcciones provinciales de educación, como manifiestan los profesores. «El vínculo entre universidad y centros cada vez se fomenta más y es muy necesario porque acerca la ciencia. Esto tiene un efecto muy positivo en las elecciones del alumnado, en sus familias y en la sociedad porque ven cosas útiles y actuales del ámbito científico. No solo es para los chavales que tienen ya ese gusto por la ciencia, sino también para involucrar a todo su entorno. En agrícolas, tuvieron un problema muy grande para las matrículas que se está solventando en estos dos últimos años. Ellos cuentan que a través de un proyecto APS se acercaron a los institutos a contar lo que era la profesión y hacer pequeñas actividades con la intención de motivar al alumnado. Eso parece que ha funcionado», detalla Carolina Blanco.
Ambos concuerdan que con este tipo de actividades puntuales «se llega mucho más» a los alumnos, y especialmente a las niñas.Y así lo respaldan distintos informes como el elaborado por la asociación Asofi, donde expusieron que un 18% de las alumnas de Bachillerato quería estudiar un grado en Ciencias y un 5% una Ingeniería. Estos porcentajes variaron en las niñas que participaron en su programa científico, ya que un 25% de las participantes tenía intención de estudiar un grado en Ciencias y un 23% una Ingeniería. Además, Carolina Blanco va más allá y expone que la solución debe ir encaminada a «trabajar contra los estereotipos de género»: «Creo que se necesitan programas específicos para disminuir la brecha y hacer planes de formación para el profesorado».