Vocación y pasión por la podología desde el Bierzo
La historia de Daniel Raposo no tiene un inicio común. Llegó a Podología de casualidad, pero no pasó mucho tiempo hasta que este berciano se enamoró de la profesión. Desde el pasado año cuando se gradúo con honores en la Universidad de León ejerce como profesional en la Clínica Universitaria de Podología en Ponferrada

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 del grado de Podología de la Universidad de León.
Probar, equivocarse y volverse a levantar puede ser sinónimo de éxito y si no que se lo pregunten a Daniel Raposo. Este podólogo berciano es el claro ejemplo de que un giro de los acontecimientos puede ser lo mejor. Aunque estudiar el grado de Podología nunca fue su primera opción, por circunstancias inesperadas la vida le llevó a esta carrera y el pasado año se graduó con honores, ya que obtuvo el Premio Extraordinario de Fin de carrera por ser el mejor expediente de su promoción.
Inicialmente, sus planes se enfocaban en Medicina, en primera instancia y, posteriormente, en Fisioterapia. No obstante, al entrar en esta disciplina por casualidad descubrió que la podología era su verdadera pasión.
«En un principio, yo no sabía ni lo que era el podólogo y caí de rebote más bien, pero bueno, es cierto que es algo común que ocurre en podología. Por lo general, cuando entramos en la carrera, poca gente entra diciendo, «jolín, quiero ser podólogo», pero es verdad que luego, una vez que estamos dentro, somos muy pocos los que decidimos irnos. Al final tiene un encanto», recuerda Raposo.
Aunque el berciano reconoce que la relación de podología con el mundo sanitario era uno de los principales atractivos de estudiar esta disciplina, la cirugía fue el verdadero motor que lo motivó a seguir con su carrera.
«Es algo que me ha llamado la atención desde el primer momento. La parte de cirugía tiene mucha relación con el mundo sanitario. Aunque me encanta la cirugía, soy una persona que no me gusta quedarme con una sola cosa, ya que el día de mañana me gustaría hacer cirugía, pero también más cosas y esta carrera te permite acceder a muchos campos. Tú puedes hacer cirugía, pero no tienes por qué hacer solo eso, sino que puedes acceder a varias cosas. Esto también hace que no te canses», detalla Daniel Raposo.
El Premio Extraordinario no ha sido su único reconocimiento, puesto que su Trabajo Final de Grado (TFG) ha sido evaluado con Matrícula de Honor. Un estudio en el que compara la eficacia del tratamiento quirúrgico y no quirúrgico en roturas del ligamento cruzado anterior.
«Más que una investigación como tal, mi Trabajo Final de Grado es una revisión de artículos científicos. Yo quería era hacer algo diferente y no solo centrarme en el pie porque todo el mundo siempre piensa en podología y se va al pie. La realidad es que no tiene por qué quedarse todo en eso. La patología del pie puede afectar a la rodilla, pero también a la cadera, la espalda o la columna vertebral. Entonces pregunté si podía hacerlo sobre la rodilla», detalla.
«Por otro lado, también me ha interesado siempre la parte deportiva y el tema quirúrgico. Se me ocurrió hacerlo sobre roturas de ligamento cruzado anterior y comparé la efectividad de los tratamientos no quirúrgicos con la efectividad de los tratamientos quirúrgicos. Esta rotura se da principalmente en deportistas. Además, este tema englobaba un poco todo lo que me gustaba», añade.
Muchos desafíos por superar
La podología es una disciplina sanitaria especializada en el diagnóstico, tratamiento y prevención de las patologías del pie y el tobillo, así como en el estudio de su biomecánica y su impacto en la salud general del individuo. Los podólogos actúan como profesionales de la salud autónomos y están capacitados para intervenir en afecciones que van desde problemas biomecánicos y dermatológicos hasta complicaciones crónicas como el pie diabético. Su papel es crucial en la atención primaria, ya que actúan como punto de entrada para la prevención y manejo de afecciones relacionadas con la movilidad, la calidad de vida y la salud sistémica.
El sector podólogico enfrenta muchos retos estructurales, regulativos y de acceso que limitan su integración plena en los sistemas sanitarios. La ausencia de la podología en la sanidad pública no solo limita el acceso de los pacientes a la atención necesaria, sino que también contribuye al desconocimiento sobre la profesión, lo que puede llevar a situaciones de riesgo, como en el caso del pie diabético.
Uno de los principales desafíos es el intrusismo profesional. Según el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos de España, más del 60% de tratamientos podológicos en estética del pie son realizados por personal no cualificado, unas prácticas que aumentan el riesgo de complicaciones como infecciones o lesiones.
«Esto es un tema con el que se debe tener mucho cuidado. El tema del intrusismo es un tema complejo, ya que existen casos en los que profesionales dedicados a la parte estética se intentan meter en cuidado del pie sin tener conocimientos sobre ciencias de la salud. Existe la falsa creencia de que el simple hecho de quitar un trocito de cutícula o un trocito de uña que se clava en un ‘esteticien’, donde el profesional no pertenece al campo de ciencias de la salud, no pasa nada. Sin embargo, algo que empieza como un problema pequeño puede terminar, en casos como el pie diabético, en una amputación. Hay que tener mucho cuidado porque hay cosas que parecen inofensivas, pero realmente no lo son. Se deberían de tener conocimientos sobre ciencias de la salud para tratar una patología», destaca el profesional sanitario.
Por otro lado, la falta de integración en el sistema de salud pública es otro de los grandes temas controversiales que limitan la actividad de los podólogos. Una problemática, que según el podólogo, provoca «un solapamiento de competencias» entre profesionales, al igual que en otras especialidades de medicina.
«En nuestro caso, se solapan competencias con traumatólogos. Hacer un sistema de salud perfecto me parece que es imposible, aunque considero que apostar por micro especialidades siempre va a ser mejor. Sin desmeritar a ningún traumatólogo, es mucho más probable que nosotros sepamos más del pie, ya que nos enfocamos durante muchos años en su estudio, mientras que un traumatólogo trata todo el cuerpo. Esto no quiere decir que ellos no sepan, pero en ciertas áreas como la biomecánica, vamos a tener más conocimientos por el simple hecho de que lo vemos todos los días», afirma Raposo.
Acorde al sanitario, esta situación «se acentúa por el hecho de que la figura del podólogo no se encuentra integrado plenamente en el sistema de salud pública y no todo el mundo se puede permitir pagar sus tratamientos en un sitio privado». «Esto es un peligro para la población. Hay estudios que demuestran que hay ciertos casos en los que integrar en un equipo multidisciplinar un podólogo es muy beneficioso. En el caso del pie diabético, se ha demostrado de que la presencia de un podólogo en un equipo multidisciplinar reduce en un porcentaje muy alto el riesgo de amputaciones. Esto no significa que el podólogo esté solo, sino que tiene que trabajar de la mano de otros profesionales como un traumatólogo, un endocrino, un vascular, etcétera. Aunque en la sanidad pública se está comenzando a integrar al podólogo, muy pocas Comunidades Autónomas están cumpliendo y los podólogos que entran tienen muy limitadas sus competencias», relata el berciano.
Lo cierto es que esa falta de reconocimiento genera inequidad en el acceso, especialmente en pacientes de bajo nivel socioeconómico. Un estudio publicado en ‘International Journal of Environmental Research and Public Health’ (2021) expone que solo el 12% de los pacientes diabéticos en España reciben atención podológica preventiva a través del sistema público, a pesar de las guías clínicas que recomiendan revisiones anuales.
La Clínica Universitaria de Podología
En este contexto, el papel de las Universidades es fundamental, ya que se posicionan como centros de referencia y pilares formativos, investigadores y de transferencia de conocimiento en podología. Los centros universitarios lideran la investigación aplicada como es el caso de la Clínica Universitaria de Podología del Campus de Ponferrada de la Universidad de León. Este centro es un proyecto de formación universitaria, donde se trata quiropodología, biomecánica, cirugía podológica y ortopodología. Raposo, con un futuro brillante por delante, desarrolla su labor profesional en esta centro innovador.
«Esto surgió como proyecto un poco loco, ya que Ponferrada no era un lugar muy concurrido a nivel universitario como otras ciudades. Por ello, el hecho de traer el grado de Podología aquí y montar una clínica con las instalaciones tan alucinantes que tiene era atrevido. Está mal que lo diga yo, porque trabajo ahí, pero la realidad es que es posiblemente de las mejores clínicas que hay en España a nivel universitario, si no la mejor. Al final, ha salido muy bien. Nosotros lo que hacemos es intentar formar a los alumnos lo mejor posible. Yo empecé con una beca a la que accedes al final de la carrera y siempre digo que es como un quinto año de carrera. Sabes que vas a salir con experiencia y aprender mucho porque tienes profesores de la universidad al lado, que en otra clínica, posiblemente no pase. En una clínica privada, te contratan y trabajas, pero tienes que esperar a las vacaciones para formarte», cuenta el berciano.
En la clínica, la formación es una constante, ya que no solo forman a los alumnos, sino a todos los profesionales que componen su plantilla. «Al final, el tener que enseñar a los alumnos es una responsabilidad añadida, por lo que o te quedas atrás o te actualizas y te formas todo lo que puedas. Esto te llena mucho también», puntualiza.
Para el futuro, el profesional espera «seguir trabajando bastante tiempo» en la clínica y destaca tanto las oportunidades de desarrollo profesional y educativo como el buen ambiente de trabajo.
«Yo soy de aquí de Ponferrada y me encanta mi ciudad. Estar aquí trabajando es lo mejor que me puede pasar. No sé si el día de mañana, me decantaré por abrir negocio o no, pero tengo claro que quiero seguir en esta clínica bastante tiempo y formarme todo lo posible. Y si pudiese ser, en algún momento, llegar a hacer cirugía. En la clínica hay quirófano y tenemos un podólogo que viene a hacer cirugía todas las semanas. Además, este año empecé a dar clase porque conseguí una plaza en la asignatura que estaba deseando. El hecho de que enseñemos teoría y luego lo podamos aplicar en la práctica convierte a nuestra enseñanza en algo muy completo y práctico», concluye el podólogo Daniel Raposo.

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Daniel Raposo en la Clínica Universitaria de Podología del Campus de Ponferrada

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Daniel Raposo es berciano y ejerce como docente y podólogo

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Daniel junto a su compañero Víctor confecciona unas plantillas

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Diseño de una plantilla ortopédica

Los podólogos Julen y Belen confeccionan unas plantillas.
Los podólogos Julen y Belen confeccionan unas plantillas

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Los podólogos Julen y Belén junto a los alumnos de 4º de Podología Rodrigo, David y Nicolás

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Elaboración de una plantilla ortopédica

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Elaboración de una plantilla ortopédica

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Daniel Raposo realiza un tratamiento a un paciente

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Daniel Raposo realiza un tratamiento a un paciente

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Daniel Raposo realiza un tratamiento a un paciente

Daniel Raposo, Premio Extraordinario 2025 de Podología de la ULE.
Daniel Raposo realiza un tratamiento a un paciente

Daniel Raposo en la Clínica Universitaria de Podología del Campus de Ponferrada.
Daniel Raposo en la Clínica Universitaria de Podología del Campus de Ponferrada

Daniel Raposo en la Clínica Universitaria de Podología del Campus de Ponferrada.