Janick Le Men, la guardiana francesa del leonés
Francesa de origen y leonesa por adopción. Su obra magna es el Léxico del leonés actual, un diccionario de 6 volúmenes que supone el trabajo más completo de la lengua. Un testimonio sobre la vida de los últimos 150 años

Janick Le Men, autora del Léxico del leonés actual.
La historia de Janick Le Men es una de esas que se forjan por el azar y que de alguna forma acaban cambiando la historia para siempre. Francesa de nacimiento y leonesa por adopción, su llegada a la provincia fue por amor, aunque su unión con el territorio viene por algo más profundo: una lengua casi extinta que marcó generaciones.
Nació en 1950 en Tréguier, tierra de leyendas artúricas y cursó estudios de Filología Francesa en Bretaña y París. En 1973 se trasladó a Oviedo para trabajar en la Alianza Francesa de Oviedo, donde estuvo hasta 1984. Posteriormente, la vida la trajo a León. En la capital leonesa se licenció en Filología Hispánica y al terminar la carrera obtuvo una beca de la Diputación en la que le pedían investigar sobre un tema relacionado con la provincia. Fue el profesor José Ramón Morala, director de su tesis, quien le animó a hacer un diccionario del leonés. Si bien la apuesta era arriesgada porque no existía una compilación todavía, veinte años después culminaría su obra: el Léxico del leonés actual, un diccionario de seis volúmenes que recoge más de 20.000 palabras y expresiones singulares del habla leonesa.
«Acepté sin saber qué me depararía y que llegaría a durar tanto tiempo. Empecé en 1991 a recopilar la información, pero no teníamos ordenadores, por lo que hice el trabajo con el método tradicional, las fichas. Al principio, comencé la investigación con doscientos trabajos y terminé con más de 300, entre tesis doctorales, tesinas, monografías… Al recibir la beca tenía que elegir un tema relacionado con León y en 1991 no existía ninguna recopilación general como ocurría en Navarra, Aragón, Asturias, Extremadura o Canarias. En León, no había nada solo múltiples trabajos dispersos», explica la filóloga francesa.
Le Men elaboró más de 30.000 fichas a mano y completó el laborioso trabajo en 2012, tras ir publicando su trabajo tomo a tomo en seis tomos editados por el Centro de Estudios e Investigaciones San Isidoro, en su colección Fuentes y Estudios de Historia Leonesa. Su obra es el resultado de recoger, organizar y sistematizar los materiales existentes del léxico del área leonesa de los últimos 150 años. «Recopilé trabajos académicos como los de Concha Casado de la Cabrera Alta, el de Babia y Laciana de Guzmán Álvarez, el de Villacidayo de Millán Urdiales, los de Fernando González de Oseja de Sajambre, los Arguellos y otros pequeños. Analicé revistas comarcales de toda la provincia. Eso fue un primer paso: recopilar a mano todo en fichas. A continuación, llegó el ordenador y empecé a escribir. León es muy variada, aunque se denomina provincia no tiene mucho que ver a nivel lingüístico. Las provincias son del siglo XIX. Empecé a ver que todo lo del norte de León, Babia, Laciana y La Cabrera eran muy ricas en vocabulario. Yo solo me dediqué al léxico y no traté la morfología, sintaxis o la fonética. Queríamos recopilar en un trabajo general sobre todo lo que estaba disperso en la provincia y su origen», detalla la experta.
En el diccionario, Le Men estructuró cada entrada en tres partes. Una primera fue dedicada a la palabra y sus variantes, según los dialectos. A continuación, la explicación y, por último, la conclusión. «Comencé con ‘abregancias’, que tiene 16 o 17 variantes. Tardé dos meses en hacerla. Este término leonés describe las cadenas de hierro que, sujetadas de la campana de la chimenea, permitían colgar el pote sobre el fuego. También incluí la etimología. Para ello, me basé en el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Corominas y Pascual. Además, si venía la palabra recogida en el diccionario de la Real Academia Española, lo especificaba, así como posibles referencias en documentación medieval. En el segundo párrafo incluí la localización, es decir, el lugar en el que encontré las palabras», recalca.
Uno de los grandes desafíos que encontró era el gran tamaño de la provincia. Cada zona tenía su propio dialecto y con ello su propia forma de contar la vida diaria. «Empecé por el Bierzo, la zona montañosa del norte, Murias de Paredes, La Vecilla, Riaño, Oseja de Sajambre, León, La Bañeza, La Cabrera y terminé en Astorga. Utilicé el Nomenclátor de 1960. En cada partido judicial detallaba todos los pueblos en los que había encontrado las palabras. Incluí lo que decía cada autor y lo mezclé con datos etnográficos porque muchas palabras son también descriptivas. El léxico era el retrato de la vida de aquel entonces», relata.
«Hay capítulos de vocabulario sobre la casa o el proceso de arado con términos como los aperos, los carros, el trillo o el yugo, que ya no existen porque tenemos los tractores. Algunas tesis estaban presentadas en forma de campos semánticos. Concha Casado dedicó un capítulo a las cosas de la casa y la cocina antigua. También estaban los temas de agricultura o las enfermedades de los animales. Todas las palabras me sorprendieron porque eran de un mundo antiguo que yo tampoco conocía. Yo no hice trabajo de campo, pero fue una forma de conocer el pasado. El léxico leonés es como un museo para conocer lo que ya no existe», añade.

Versión impresa del Léxico del leonés actual de Janick Le Men.
Una región abierta
En 2025, la filóloga francesa fue nombrada Personaje Leonés del Año y también recibió el premio de la Madreña Transmontana otorgado por la Casa de León y el Centro Asturiano en Madrid. Dos galardones que reconocen su obra y el legado a la provincia. En concreto, la Madreña premia a personas afincadas en una de las dos provincias, cuyas actividades hayan redundado en el bien de la otra. Es un galardón que reivindica el sentimiento asturleonés que une a ambos lados de la Cordillera Cantábrica por las relaciones históricas y culturales que han hermanado a ambas regiones.
Precisamente, el leonés es una muestra de ello, ya que la lengua es el resultado de la influencia de las regiones colindantes, por lo que la propia experta reivindica «que no se puede hablar de palabras exclusivas de León». «Cuando empecé con el diccionario me di cuenta de que lo primero que hay que hacer es analizar el alrededor. Todo el norte de León está relacionado totalmente con Asturias. Hay montones de palabras que son exclusivas de esa zona y del sur occidental de Asturias, sobre todo en Babia, Laciana y Somiedo. Un ejemplo son los términos relacionados con la leche como debura que significa leche desnatada. Asturias es muy montañosa y la gente vivía entre valles, por lo que pudieron conservar mejor su lengua. León estaba abierto a Castilla, mientras Somiedo, Teverga o Pravia eran sitios más cerrados al mundo. Todas las palabras que están recogidas en la zona de Riaño y Oseja de Sajambre tiene mucho que ver con Asturias. De hecho, los niños de Oseja iban al instituto a la zona asturiana», sostiene.
Asturias no ha sido la única zona de influencia para el leonés, puesto que Galicia, Zamora, Palencia o, incluso, Portugal han sido determinantes para la configuración de los diferentes dialectos de la provincia. «El Bierzo forma parte de León, pero desde el punto de vista lingüístico tiene más que ver con la zona gallega. Por otro lado, el sur de León, la Cabrera, tiene palabras que se encuentran en esa zona de la provincia, Sanabria (Zamora) y Portugal. En el caso de la zona de Prioro ha tenido muchos contactos con la montaña palentina. Cada área ha tenido influencias diferentes porque los límites administrativos no tienen que ver con las delimitaciones geográficas. Había mucha relación entre los pastores de la montaña leonesa y asturiana, especialmente con la trashumancia hacia Extremadura. Hay palabras en Huelva comunes con León y Asturias, en concreto, términos relacionadas con el agua. Como he mencionado en otras ocasiones las montañas unen y los ríos separan. Hay términos que se encuentran en varias regiones del antiguo Reino de León. Las palabras no tienen fronteras y, por ello, viajan», detalla la doctora.
Digitalización y pervivencia
Desde el año 2020, el Léxico del leonés está disponible en línea gracias a la colaboración de la cátedra sobre Estudios Leoneses de la Universidad de León, dirigida en sus inicios por José Ramón Morala, y la Real Academia Española. En este proceso participaron también dos becarias «quienes se encargaron de todo el proceso de forma extraordinaria».
El Léxico del leonés no es la única obra que se ha compilado sobre la vida leonesa. En los últimos años, varios monográficos dedicados a la provincia se han puesto a disposición del público. Ejemplo de ello es la obra de Concha Casado dedicada a la indumentaria leonesa que ha retornado a las librerías con una nueva edición para explorar los trajes o las joyas tradicionales. Todos ellos son una muestra viva del patrimonio leonés. Como explica la filóloga, «muchas de las palabras que se incluyen en el diccionario ya no se utilizan como los términos sobre la cocina de antaño y sus elementos que ya solo se encuentran en los museos». «Las cosas van desapareciendo. El mundo ha cambiado mucho. Yo lo hice para dar constancia de lo que existió en un momento dado de la historia, pero está en vías de desaparición», detalla.
Su obra no es solo una lista de palabras, sino un testimonio vital de la cultura, tradiciones y modos de vida del mundo rural leonés. A pesar de ser un trabajo de campo con un componente afectivo, su enfoque es estrictamente científico y metodológico, lo que confiere una gran autoridad a su léxico. Siendo extranjera de nacimiento, demostró una profunda sensibilidad y respeto por la riqueza lingüística y cultural de su tierra de adopción. Además, la donación de su trabajo a instituciones públicas para su difusión gratuita demuestra su deseo de que el leonés perdure y sea estudiado en el tiempo.
«Hacer este libro ha supuesto la recopilación de palabras que han desaparecido por los cambios de la vida, la emigración, la influencia de los medios de comunicación y el castellano. Es un testimonio de lo que existió. Muchas de las palabras están en los museos porque la etnografía tiene mucho que ver con la lingüística. Es importante no solo para la gente mayor, sino también para que las generaciones actuales puedan conocer el modo de vida de sus antepasados», concluye Janick Le Men.