chevrolet. Cien para Louis
Piloto de carreras, mecánicoe ingeniero de vanguardia «Béisbol, perritos calientes, tarta de manzana-¦ y Chevrolet». Louis Chevrolet, suizo afincado en Estados Unidos, fundaba en Detroit, en noviembre de 1911, la más importante marc

Louis Chevrolet, un pionero a la antigua usanza.
Los «Chevy». Innovadoras soluciones técnicas aderezadas con impactantes diseños para la época, acabaron por labrar a Louis, y sus «Chevy», una sólida reputación: Corvette (1953), primer coche deportivo norteamericano y primero en producirse en serie con carrocería de fibra de vidrio que, casi seis décadas después, continúa manteniendo su condición de icono automovilístico. Aunque no sólo-¦ también demostraría maneras con media docena de victorias de clase en las 24 Horas de Le Mans, en aquellos cincuenta y sesenta cuando los fabricantes estadounidenses más se empeñaban en asaltar el bastión europeo de La Sarthe.
A renglón seguido, paralelamente incluso, aquellos descapotables «Bel Air», de larguísimas y estilizadas aletas traseras, marcaban tendencias y, como el Corvette, se convertían en el escaparate de los catálogos del fabricante de la «pajarita» (emblema adoptado por Chevrolet desde 1914).
Claro que nada como aquellas pioneras y asequibles ofertas de coches y furgonetas, con prestaciones más propias de modelos mucho más caros entonces. El primer Chevrolet, el Series C Classic Six, ya tenía motor de arranque y hasta faros eléctricos-¦ y hablamos de 1911. En las siguientes décadas, los «Chevy» montaban ya otras interesantes innovaciones: parabrisas de seguridad y motores con inyección de combustible, hasta llegar al antibloqueo de frenos y las modernas ayudas electrónicas.
Para entonces, Louis ya había conocido y llegado a un acuerdo con William C. «Billy» Durant, aquel otro visionario empresario del automóvil que había fundado la General Motors (1908) y contratado a Chevrolet como piloto de sus coches.
En 1910, un par de años después de aquella fundación, Billy Durant se veía obligado a dejar «su» empresa, aunque nada le impediría seguir vinculado al mundo del automóvil: formaba otro grupo automovilístico, con Chevrolet incluido, habida cuenta la reputación deportiva de Louis-¦ nacía el mencionado Series C Classic Six que, por 2.150 dólares de la época (unos 38.500 euros de hoy), ofrecía un generoso 6 cilindros de 4.9 litros, 40 CV y 105 por hora de punta.
A pesar de su elevado precio, el Chevrolet gozaba de buena reputación, así que Durant fabricaría paralelamente un modelo más pequeño y asequible: el «Little». Durante 1913 el Chevrolet Series C y el Little compartirían catálogo y, un año después, la plataforma del pequeño se transformaría en el Chevrolet Modelo L y, a renglón seguido, en el Modelo H. Aquella remodelación de la gama «Chevy» cosecharía un éxito inmediato, por su excelente relación precio-prestaciones y su resistente motor de 4 cilindros.
Cuando todo parecía ir sobre ruedas , la distinta visión de la empresa que ambos tenían acabó con la compra de las acciones de Chevrolet por parte de Durant y, los éxitos comerciales, permitir a Billy volver a hacerse con un paquete mayoritario en la General Mootors, así que, en 1917, Durant volvía a llevar las riendas de GM-¦ con Chevrolet como una imprescindible rama de la empresa.
Una vez demostrado que podía , Durant abandonaría GM en 1920, fundando otra empresa de coches y convirtiéndose en un destacado inversor de Wall Street, hasta que-¦ el colapso bursátil de 1929 volvería a dar al traste con sus aspiraciones: en 1936 estaba de nuevo en bancarrota. Murió en 1947 y sería enterrado en el Cementerio de Woodlawn, en el neoyorquino barrio del Bronx.
Louis Chevrolet también perdería su fortuna en la Gran Depresión, volviendo entonces a su primitiva ocupación vocacional: mecánico-¦ en una fábrica de Chevrolet en Detroit. Murió en 1941 y fue enterrado en Indianápolis, muy cerca del famoso circuito en el que forjó su reputación-¦ y su leyenda.
Atrás quedaban, y para siempre en el ideario automovilístico americano, los alerones alzados del Chevy Bel Air, en una suerte de interpretación terrestre de los primeros aviones a reacción y, sobre todo, aquel elegante Corvette Stingray de 1963, unánimemente considerado como uno de los más atractivos productos de la industria estadounidense de todos los tiempos...
«Béisbol, perritos calientes, tarta de manzana y Chevrolet»-¦ desde hace un siglo.