Alpine... el mito del rombo
Alpine es a Renault, lo que Gordini a las carreras. Hace cincuenta años, Jean Rédelé, con el concurso de Amédée Gordini, conseguiría elevar un 4-4 «tuneado» a la categoría de mito… la inolvidable «Berlinette» Alpine Renault.

Al norte de Francia, 1951. Un pequeño concesionario Renault de Dieppe, se lanza a las carreras.
Al volante de un artesanal bricolage de 4-4, gana la «Catégorie Sport 750» en las Mille Miglia de 1952. Prometedor debut…
Cuatro años después, Jean Rédelé, aquel pequeño concesionario de Dieppe, cambiaba el casco por el taller, renunciaba a su carrera de piloto y se convertía en el padre de la más icónica representación deportiva que haya tenido nunca el rombo… nacía el Alpine.
A partir de entonces, desde las entrañas de aquel pequeño taller batido por las aguas del Canal de la Mancha, que escasamente diez años antes había sufrido la humillación de la fallida «Operación Jubilee», precursora de la «Overlord» que culminaría con el desembarco del «Día D», la «A» de Dieppe acabaría por convertirse, durante décadas y para siempre en la memoria de los aficionados, en todo un símbolo: de la Berlinette A110 al cola larga A210 y A220 (motor V8 Gordini de 310 CV), sucesores del pionero M63 que, en el año de su guarismo, conseguiría la victoria al «Índice Energético»… en las 24 Heures du Mans; ya ven, también entonces se barajaba el ahorro de energía… también en la más famosa carrera de resistencia del mundo… en esa particular escuela de paciencia que siempre ha sido Le Mans.
Paciencia trufada en sed de victoria, en la perfilada silueta de una Berlinette con chasis-poutre (viga central) «vestido» en fibra de vidrio y con el motor colgado por detrás del eje zaguero… como «debe de ser» en cualesquiera deportivo de raza que se precie; como en la interminables patinadas del mítico «nº 18» de Andruet La Panique sobre el nevado asfalto del Col de Turini en el Montecarlo del setenta… y tantos; como en tantos y tantos rallyes del que ahora se conoce como Mundial y que, en la década de los setenta —la época dorada de la Berlinette—, «sólo» como rallye-rallye; cuando los controles horarios contaban para el resultado -como el Recorrido de Concentración- y cuando las asistencias… poco menos que se reducían a un puñado de neumáticos claveteados —«así» de estrechos— y media docena de bidones de gasolina.
¿Romanticismo deportivo? Puede…
Pero también «puede» -seguro- que fuese allí, y entonces, donde se fraguasen las mayores ilusiones, las más sonadas epopeyas… y no menos sinsabores.
Entre 1962 y 1977, del A106 y A108 al mítico A110, pocos como las petites bleues, la Berlinette Alpine, pueden presumir de tantos podios en el mundillo de los rallyes.
Quienes tuvimos ocasión de pegar un número en la puerta de una de aquellas 1.904 Berlinettes (A110 1.300 con motor del R12 S y 66,5 CV) fabricadas por FASA en España (Valladolid)… conocimos también el sabor de la magia.
«Attendez un peu, les Alpine étonneront le monde…» (Amédée Gordini).