250 GT Berlinetta (Rob Walker / Stirling Moss)

Stirling Moss junto al recién restaurado 250 GT Berlinetta (chasis 2735).
Joya en exposición. Éste chasis (nº 2735) fue el único «Hot Rod» de carreras con volante a la derecha realizado por Sefac (competición-cliente, oficial de fábrica); una de las tres «Berlinette Competizione» passo-corto (batalla corta) con la dirección a la derecha. Se trataba —y puede admirarse en esta muestra del Museo Ferrari— de la segunda unidad GT Berlinetta Walker/Moss, la primera montaba el chasis nº 2119, y también la única que «llevó» a su volante a tres grandes pilotos de la época: Stirling Moss, Graham Hill e Innes Ireland.
Inscrito para las 24 Horas de Le Mans de 1961 bajo los colores de Rob Walker (azul marino con franja blanca) en el seno del NART (North American Racing Team) de Luigi Chinetti; arrojaba en báscula una romana de 1.107 kilos, con lo que esta relación peso/potencia lo convertía en uno de los coches más veloces en Categoría GT. La rotura de una pala del ventilador y la consiguiente avería de la bomba del agua por sobrecalentamiento, en la novena hora de carrera cuando rodaba en tercera posición, le obligaría al abandono.
La revancha, en clave de pole, vuelta rápida en Categoría GT y victoria absoluta, se la tomaría Stirling Moss en el «Silverstone Internacional Trophy», por delante del potente equipo británico de Jaguar que inscribía nada menos que a Graham Hill, Bruce McLaren (padre de los monoplazas de F1) y Roy Salvadori al volante de otro icono deportivo de la época: el E-Type.
Los laureles de aquel mágico 250 GT, seguirían reverdeciéndose en 1961 de la mano de Stirling Moss.
El célebre piloto británico vencería en el «Brands Hatch Trophy», marcando también la pole y la vuelta rápida en su categoría, por delante de su compañero Mike Parkes, al volante de otra Berlinetta passo-corto y de los «inevitables» Hill, Salvadori y McLaren… con los E-Type.
También Moss ganaría el «Goodwood Tourist Trophy», el séptimo TT en su cuenta particular, siempre por delante de su colega Parkes y de Jim Clark y Roy Salvadori, que pilotaban sendos Aston Martin DB4 Zagato.
Y ni siquiera todo quedaba ahí. La epopeya de aquel histórico «chasis 2735» seguiría escribiéndose en los Alpes, de vuelta a casa, por carretera, el entonces jefe del equipo Ferrari in gara —en carrera, a pie de pista—, Giotto Bizarrini, devolvía el coche, sin problema alguno, a los talleres de Maranello; ya saben, la mágica época de los competición-cliente, cuando los coches, con «sólo» un número en la puerta, servían tanto para correr, y ganar, cuanto… para rodar por la calle. ¡Esos eran tiempos!.
¿Les parece poco? Pues aún hay más…
Resta el último acto, el postrer escenario de la epopeya, escrito en clave de —casi— drama… como tantas veces en la impronta de los auténticos campeones.
Stirling Moss firmaría otro primero absoluto, a finales de aquella temporada del 61, bajo la ajedrezada del «Nassau Tourist Trophy»; su última victoria antes del grave accidente que a punto estuvo de costarle la vida. Pero esa… es otra historia.
La que hoy nos ocupa es la epopéyica trayectoria deportiva de aquel mágico «chasis 2735», que seguiría compitiendo en 1962, bajo los colores de Rob Walker… aunque ya no fuese lo mismo sin Moss al volante; que conocería infinidad de peripecias comerciales y deportivas hasta volver (hace cuatro años) a manos del departamento especializado en restauraciones oficiales «Ferrari Classiche» —sito en la propia factoría de Maranello— de dónde saldría hecho un pincel, conforme a las escrupulosas pautas que obran en los archivos históricos de l´azienda ferrarista, para disfrute de propios y extraños y, lo mejor, para seguir dando fe de que, un año de principios de los sessanta, aquel 250 GT Berlinetta passo-corto, aquel «chasis 2735», contribuiría a cultivar la leyenda de Il Cavallino en Categoría GT.
Y a ser considerado por Stirling Moss, su piloto de cabecera, como: «el mejor coche GT del mundo». ¡Auguri!