Diario de León

LA FERRARI

Heliotropo... híbrido extremo

El icónico nombre de la pasión. Ferrari entra, ¡y de qué manera!, en la carrera de la hibridación de altas prestaciones con un biplaza «extremo» que resume la mágica historia de Maranello.

Publicado por
javier fernández
León

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Monumento aerodinámico. La generosa boca frontal canaliza el flujo de viento hacia arriba, a través de la apertura del capó, para aportar un excelente apoyo aerodinámico y una gran precisión a alta velocidad.

Culto a la mecánica V12 atmosférica, como siempre en Maranello, aderezada aquí con escapes activos y unos conductos de admisión de longitud variable «en continuo», tan innovadores… que hasta están prohibidos en F1.

Y para «gestionar» tanto Cavallino, 800 CV a 9.000 vueltas de régimen máximo, no sólo el inestimable concurso de un motor eléctrico (163 CV) situado en posición central longitudinal integrado en el cambio F1 de 7 marchas y doble fricción, unos discos de freno y unas pinzas carbocerámicas específicamente diseñado —el conjunto— para disipar mejor el calor, que necesita una veintena de metros menos que el Enzo, la referencia tecnológica -hasta la fecha- en los catálogos de realizaciones especiales del fabricante.

¿Quién dijo que los híbridos no tienen picante?

Las estratosféricas cartas de presentación de La Ferrari, tampoco es que se hayan comido mucho el coco en Módena con la denominación, se resumen en 15 segundos para acelerar de 0 a 300 por hora, en 7 de 0 a 200 y en un suspiro: 3 segundos para clavar el crono de cero a cien; su punta se cifra en 350 por hora y su consumo medio en 14,2 litros por cada centenar de kilómetros... ¡ahí queda eso!.

Si Ferrari ha cultivado tanto la aerodinámica en «La» como para luchar tan bien contra el crono, tampoco la potencia específica se queda atrás (128 CV/litro) ni hay peros que ponerle al reparto de masas (41% delantero / 59% trasero) con lo que las excepcionales condiciones dinámicas de «La… joya» también rinden culto a la relación peso/potencia: prácticamente 1.000 CV para «mover» en torno a 1.200 kilos —estimados—, porque tampoco el fabricante desvela la verdadera romana de este deportivo... superlativo.

¿Por qué lo del millar de caballos? Por el concurso del motor eléctrico aunque, como el lector sin duda ya habrá colegido, es el V12 —atmosférico, insistimos— el que carga con la mayor parte del encargo de catapultar a La Ferrari a cotas insospechadas para un modelo de —casi— estricta serie... aunque lo de «serie» sea un decir en los catálogos de Il Cavallino.

Por lo demás, tampoco falta «nada» en la representación iconográfica, desde el habitual manettino en un volante «de carreras» achatado en ambos polos -casi como el de un F1- a la profusión de fibra de carbono en chasis y habitáculo, amén —por si no bastaba...— de unos retrovisores exteriores en forma de antena de caracol y las llantas de 20 pulgadas.

Consecuencia… 1.190.000 euros -¡sí, han leído bien!- a desembolsar por cada uno de los 499 afortunados —nunca el término tuvo tantas connotaciones— potenciales compradores de La Ferrari.

Y tampoco «la cifra» es constitutiva de preferencia alguna porque, como siempre en las realizaciones especiales, Ferrari se reserva el derecho de admisión a la hora de formalizar pedidos.

La hibridación elevada a la máxima potencia, nunca un «coche»… se acercó tanto a la Fórmula 1.

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