Aventura práctica, familiar... «alternativo»
Citroën viste «de aventura» (automovilística) sus diseños del XXI . Ligero, a buen precio y con soluciones inéditas. «Diferente», un apelativo que tanto gustan de comunicar los fabricantes y que, se convierte aquí, en toda una declaración de intenciones. Será español y en junio podrá verse… incluso tocarse.
Exploración de soluciones. No es la primera vez, tampoco será la última (seguro), que el chevron rompe moldes, estéticos y prácticos, en sus abigarrados catálogos.
Ocho décadas —nada menos— desde que «El Pato» —el traction avant, ya saben— se lanzase a «nadar» enarbolando la bandera de la tracción delantera.
Casi seis —décadas— desde que Flaminio Bertoni firmase los mágicos trazos del «Tiburón» —DS, por más señas—, que ha quedado para la historia como una de las más impactantes realizaciones del chevron.
Y otras tantas de la «Cirila» —el 2CV furgoneta— que, por extensión, hasta llegaría a convertirse en el playero Mehari y, hasta si me apuran, en el Ami6 Break e incluso —si continuamos «extendiéndonos»— a las primeras pinceladas del C3 que ha acabado marcando los catálogos de la marca con la llegada del XXI.
Hablando de «llegadas», la del Cactus —que se producirá en junio— viene a suponer otro espectacular golpe de tuerca en los planteamientos de Citroën: sencillo y económico, atractivo (por lo «raro»... ¡anda que será «la primera» vez!) y tan fácil de asumir por el usuario como que el C4 Cactus, esa será su denominación oficial, retoma alguna —muchas— de las filosofías desde hace años dormidas en el cajón de los sueños... realizables.
Por asumibles, los «pinchos» del Cactus los declina Citroën en 4,16 metros de largo (entre el C3 y el C4… por entendernos), que lo convierten en un familiar compacto de atrevido diseño y con, entre otras cosas, banquetas corridas —la trasera especialmente— y con las dos plazas delanteras «pegadas» para, según los diseñadores, proporcionar mayor sensación de amplitud en esa zona del habitáculo, en perfecta conjunción (lo de la «sensación» de amplitud) con el techo acristalado panorámico que, por ende, aísla y filtra con mayor eficacia las intrusiones externas.
Eso, por no hablar de los cortos voladizos en una envolvente carrocería cuya superficie acristalada total, supone un tercio del coche. Mientras el maletero ofrece unos interesantes 358 litros de capacidad (408 en el C4).
Claro que el golpe de vista se lo llevan, por derecho propio, las curiosas cápsulas de aire («Airbump») que conforman las protecciones laterales de puertas y parachoques.
Una personalidad tan acusada, que acaba por blindar al Cactus de los pequeños golpes urbanos y que, para rematar, estarán disponibles en cuatro tonalidades, a tono con la decena de colores de carrocería.
Aún con ser más corto que el C4 de derivación (4,33 de largo el C4), el Cactus ofrece, una generosa habitabilidad merced a sus 2,60 metros de batalla con, además, un salpicadero «limpio» y bajo, que prescinde de los habituales, mandos y relojes en favor de sendas pantallas digitales (una de ellas táctil y de 7 pulgadas), menos intuitivas —quizá— aunque, sin duda, mucho más modernistas... como la generalidad del C4 Cactus.
¿Quieren más «modernidades»? Ahí va otra: el airbag del copiloto se sitúa… ¡en el techo!, justo en la terminación del parabrisas. Y no por capricho, sino para no restar un ápice de capacidad a la panorámica guantera, cuya tapa se abre hacia arriba.
Tres serán los ambientes —terminaciones— propuestos por Citroën para su C4 Cactus, inspirados en las maletas y baúles de antaño —y de ahora... claro— en, según dicen, una clara invitación al viaje.
Aunque todavía no es del todo oficial, sí que parece claro el abanico motorístico con el que debutará el C4 Cactus: dos tricilíndricos de gasolina, el 1.2 VTi de 82 CV y el nuevo 1.2 e-THP (turboalimentado) de 110 CV; en gasóleo, ambos turbodiésel de rampa común, el e-HDI de 90 CV y el Blue-HDI de 100 CV que, en éste último caso, presume de unos contenidos 3,1 litros de consumo medio.
Asociados, todos ellos, a cajas de cambio manuales de 5 o 6 marchas y también la nueva caja automática robotizada ETG6, con levas en el volante. También todas las versiones están exentas del Impuesto de Matriculación y, aunque como fácilmente puede suponerse, el precio es todavía una incógnita -un secreto bien guardado- «podría» hablarse de una cantidad en torno a los 13.000 euros aunque esto, claro, es una mera suposición basada en los 15.000 con los que arranca la tarifa del C4.
Así las cosas, con el C4 Cactus, el chevron oferta una atractiva posibilidad a medio camino entre un SUV y una berlina tradicional.
En fin... «para gente encantadora»... como rezaba el slogan de los setenta.