De furgoneta «multiusos»... a coche de culto
El T2 Kombi se retira con todos los honores. «Hippie» por antonomasia, «abuelo» de los actuales Comerciales de Volkswagen, acaba de retirarse merecidamente. Con 56 años de vida en los catálogos de la marca, asistimos al final de una era. Sólo en Brasil, último país de producción, se firmaron más de 1,1 millones de «Kombi».

¡Adiós Bulli! La del Transporter, como la del T2 Kombi, es la historia de un vehículo destinado... a cambiar el mundo.
Y bien que lo ha cambiado, al menos —lo que no es poco—, en la filosofía del «transporte» de muchas generaciones durante más —bastante más— de cinco décadas.
Constantemente mejorado, aunque sin jamás perder un ápice de su acusada personalidad, el último T2 salió de la cadena de montaje, a tiro de piedra de Sao Paulo, a finales del año pasado, poniendo fin a la histórica trayectoria de éxitos que, con el T1, comenzaba en 1957, en la planta de VW Anchieta, y del evolucionado T2 de 1975: cinco décadas y media y 20.000 unidades/año en su camino productivo.
El «Last Edition», especialmente producido para la ocasión, se ha convertido en la última joya de la corona, trufada en edición limitada y con características exclusivas: pintura bitono, lujoso acabado interior y unos reminiscentes elementos de diseño entre dos clásicos que, por versatilidad y simpatía, se convierten en los abuelos de los actuales modelos VW Vehículos Comerciales. Las llantas y los tapacubos, junto al perfil de los neumáticos, pintados en blanco, lo que acaba por generar un efecto nostálgico que, en el interior, se reafirma —y personaliza— con un cuadro de instrumentos de diseño especial y que adopta la imagen tradicional del Kombi: velocímetro centrado e indicador del nivel de combustible en la derecha. Y, para que nade falte, los asientos tapizados en vinilo bitono, lo mismo que el panelado interior de las puertas y el maletero, a la vez que el suelo del habitáculo adopta una moqueta y un revestimiento de techo tapizado en tela «Stampattto».
Esta versión especial se ha producido en una también exclusivista edición limitada de sólo 1.200 unidades, después de que las 600 inicialmente previstas se agotasen en un abrir y cerrar de ojos.
Cuidadosamente embalado y enviado por transporte marítimo al museo que la marca tiene en Hanover, el «Last Edition» número 1.200 —no venal— da fe de la impronta que supera las cinco décadas y los 3,9 millones de unidades producidas desde aquel -ya lejano- 1968 cuando se lanzase la segunda generación del Transporter, cuyo ancestro T1 databa su nacimiento en 1950.
Con un diseño exterior totalmente renovado en su frontal —intermitentes más bajos—, las sobredimensionadas ventanillas laterales, puertas correderas y parabrisas panorámico, el T2 comenzaba a producirse en México (1971) y en Brasil (1975), y a presumir de una nueva suspensión en el eje delantero y unos brazos oscilantes en el trasero, mientras el tetracilíndrico refrigerado por aire y situado por detrás del eje zaguero, mantenía su cota de potencia en los 47 CV.
A principios de los 70, el auge del movimiento «hippie» acabaría elevando a la categoría de icono aquella «simpática furgo» que, con el paso del tiempo, acabaría por dar a Volkswagen una de sus mayores alegrías comerciales: 66.280 unidades firmadas por la factoría brasileña y, eso también, que diseñadores tan enjundiosos como Karmann o Ghia se interesasen por un modelo que les permitiría explayar su imaginación hasta límites insospechados en infinidad de versiones.
Cincuenta y seis años de experiencias... y sensaciones.
¡Adiós, Bulli, y muchas gracias por todo!