80 Años... a la vista
Citroën hizo historia con la tracción delantera. A mediados de abril de 1934, el «chevron» presentaba el 7A, el célebre «Pato», como se le bautizó en España. El pionero «Traction» abría inéditos caminos en la historia tecnológica de la automoción moderna. 80 años después… casi todos somos «Traction».

80 años después… la tecnología nos contempla. Una veintena -larga- de años más tarde del lanzamiento del «Pato», en 1957, otro histórico icono en el devenir de la Traction Avant, pedía paso… el DS Tiburón volvía a marcar pautas en los catálogos de Citroën.
Flaminio Bertoni y André Lefébvre, respectivos padres del Pato y del Tiburón, también echarían el cuarto a espadas en el desarrollo de otra icónica tercera entrega: el 2CV.
Tanto influyó el Pato en la mitología automovilística, como que el automovilista del primer cuarto de siglo XXI «da por sentado» que las ruedas que tiran de su coche... son las delanteras, y que la carrocería y el chasis forman un solo bloque.
Puede parecer que siempre ha sido así. Nada más lejos de la realidad: los automóviles actuales -la inmensa mayoría- no serían lo mismo -ni parecidos- de no haberse lanzado el Citroën Traction Avant, que iniciase su andadura el 3 de mayo de 1934... hace ocho décadas.
El mismísimo André Citroën (cuyo fallecimiento le impediría verlo en la calle) estaba en el proyecto de un modelo tan innovador que permitiese a la marca superar las abultadas ventas del Rosalie y, por ende, asegurar el futuro de la compañía. Sería él quien contratase al ingeniero aeronáutico André Lefebvre, y quien incluyese en la nómina del chevron al escultor italiano Flaminio Bertoni, para vestir una revolución tecnológica basada en la propuesta de un coche económico y confortable.
Así, el tándem Lefebvre-Bertoni, plasmaba sus esfuerzos y los de un abultado equipo de ingenieros, por genialidades mecánicas y aerodinámicas, en una «idea» que no precisaría más de 18 meses para dar fruto: el 18 de abril de 1934, los periodistas pudieron ver el nuevo modelo en el «Garage de l´Europe», próximo a la estación parisina de Saint-Lazare.
No sólo el equipo de ingenieros trabajaría en lograr un excelente comportamiento rutero (cuando pocas carreteras podían recibir el calificativo de tales), también en la más destacada de las innovaciones que apellidaban el proyecto: la tracción delantera, en la que se fundamenta toda la estructura motor-caja de cambios; una arquitectura que favorece el reparto de masas del coche y, paralelamente, el esfuerzo del motor se ejerce también en el sentido de la marcha, lo que es de mucho agradecer a la hora de abordar las curvas. Por no hablar de la supresión de aquellos —en la época, y también hoy— enormes túneles de transmisión que invadían el interior del habitáculo.
En sus 23 años, 4 meses y 15 días de vida comercial, el Pato firmaba 759.000 unidades, repartidas entre la factoría parisina de Quai Javel (702.00), la belga de Forest (31.000) y la británica de Slough (26.000 unidades).
Había nacido un icono… y sus —posteriores— «circunstancias».