La nueva «bomba» de Mercedes...
La estrella de tres puntas explora nuevos «caminos deportivos». Si Daimler-Benz, en general, y Mercedes, en particular, han venido rindiendo culto a la deportividad; el apellido GT alcanza aquí límites insospechados. AMG propone un biplaza de ensueño, que llegará en octubre por unos «estimados»… 130.000 euros.

Mercedes... «se pina» (*). Las tres puntas de la estrella plateada apuntan tan alto, y tan a la línea de flotación de los tradicionales próceres en el segmento de militancia, como que el GT, firmado por el preparador de culto AMG, ofrece unas prestaciones de escándalo: 462 / 510 CV; 3,8 segundos en el «sprint» de cero a cien y... 304 / 310 por hora de punta con, lo mejor, unos contenidos 9,4 litros de consumo medio por cada centenar de kilómetros. Y no se trata del sustituto del SLS, que seguirá en liza; se trata, al parecer, de jugar en dos escalones… partiendo del folio en blanco o, si lo prefieren, de cero frente a rivales tan icónicos como el Porsche nueveonce Carrera o el F-Type del Gran Gato.
¿Quieren más? Pues ahí va…
Chasis monocasco de aluminio, bajísimo centro de gravedad, preciosista en su diseño y con dos versiones: GT —«a secas»— y GT S, que se diferencia del pequeño por un faldón delantero negro lacado, amortiguadores pilotados y mayor equipamiento técnico de serie; además, lógicamente, de los 510 CV.
Se trata, y bien que lo ha tratado AMG, de combinar la construcción «Spaceframe» de aluminio con el V8 Biturbo (lubricación por cárter seco) y la caja de cambios de doble embrague, con 7 marchas y situada en posición «Transaxle» (junto al eje trasero... ya saben), amén del perceptivo diferencial autoblocante y una puesta a punto deportiva para los trenes de rodaje. Un esquema de lo más «clásico», sólo que... salpimentado con tecnologías del XXI: «regulación individual» entre el motor y el cambio, con la posibilidad de elegir entre diversos modos de utilización: «C» (Controled Efficiency), «S» (Sport), «S+» (Sport Plus) y la novedad del modo «T» (Individual). Y, a mayores, la versión GT S ofrece el programa manual «RACE», capaz de adaptar la respuesta del cambio a una conducción «de carreras».
Además, si el conductor activa el modo «M», el cambio actúa en manual, independientemente del programa elegido.
Eso, por no hablar del ambiente racing que se respira en un habitáculo que, además de por los asientos de marcadas formas anatómicas y el volante de tres radios achatado en su polo inferior, rinde culto, y continuos guiños, a los deportivos de raza: consola central «contorneada» e inspirada en la de los coches de carreras («touchpad» táctil), posibilidad de cambiar la «musicalidad» del V8 (escape activo), cuatro generosos botones para seleccionar los diferentes modos de conducción y, concesión a la modernidad, una dirección de radio progresivo, que modifica su asistencia en función de la velocidad y aceleraciones laterales. ¡Vamos... la locura!
En fin, que con unas pinceladas «retrofuturistas» en su estilismo, y unas «escandalosas» prestaciones, el AMG GT se convierte en la joya de la estrella… plateada.
(*) «Pinarse» (en leonés): venirse arriba. (Palabra de Zardón).