Citroën C4 Cactus. Diferente... por diferenciado
«Las visones de André»… en versión del XXI. Tan «rebelde» como el fundador de la compañía, tan «reinventado» como la tracción delantera y tan «cool» como su personal estilo. El C4 Cactus se convierte en una de las propuestas más rompedoras del «chevron» en los últimos años. Disponible entre 14.550 y 20.250 euros.
La reinvención de «la tracción» la propone Citroën en clave de C4 Cactus.
Visionario... por revolucionario. El chevron vuelve a arriesgarse «tanto» en sus propuestas… para lanzar «una» tan «diferente» como para —entre otras cosas— publicitar el C4 Cactus como el coche «adicto a las columnas»; dicho así, tal parece que «guste» , nuestro protagonista, de irse «aporreando» continuamente contra las esquinas… de la cochera.
Nada más lejos de la realidad; sólo que, los «airbump» , esas piezas de protección plástica que envuelven la carrocería, y «descoyuntan» los cuellos de los observadores cada vez que se cruzan con un Cactus, permiten ciertas veleidades al respecto. Tampoco nada más lejos de la realidad que incitar al lector a probar el dispositivo... si le sirve de algo, fíese de la palabra del que suscribe: los «airbump» funcionan... y muy bien, por cierto.
Claro que tampoco queda ahí la cosa en lo que a «visiones» tecnológico-prácticas se refiere, el Cactus se convierte en una innovadora combinación de diseño, comodidad y sencillez; también de precio justo y tecnología útil.
Si quieren más... avisen; por nuestra parte avisamos que también puede atribuírsele —al Cactus— una evidente condición —por combinación— de compacto-todocamino... o así.
El caso es que, si hace ya ocho décadas Andreé Citroën asombrada al mundo con el Traction Avant —el Pato, ya saben—, que supuso entonces toda una revolución tecnológica por abrazar aquella tracción delantera que hoy abrazan la mayoría de realizaciones de los segmentos más populares del mercado automovilístico mundial, incluso el chasis autoportante monobloque y hasta las suspensiones independientes —sobre todo en el tren delantero—.
Consecuencia: los automóviles se convertían, a mediados de los treinta del siglo pasado, en ingenios mucho más fáciles —y confortables— de conducir que sus inmediatos antecesores... como hoy el Cactus; a «quién» tampoco le duelen prendas en proponer una generosa distancia libre al suelo (21 centímetros) y que, eso también, recorta su silueta de techo (o sube su línea de cintura, según se mire) hasta ofrecer un golpe de vista bastante alejado del que ofrecen sus enemigos naturales en militancia de segmento.
Sea como fuere, el caso es que nuestro protagonista, por mucho que adopte el genérico C4 en su denominación, se asienta sobre la plataforma del C3, profundamente modificada desde luego, para cumplir con el pliego de condiciones: espacio, sencillez y ligereza; singularmente optimizado éste último extremo: 235 kilos menos que cualesquiera de sus oponentes de segmento, por lo que el turbodiésel de 92 CV —nuestra unidad de pruebas— se presume —y bien que «presume»— de convertirse en una de las propuestas más equilibradas de la actual gama Cactus.
Eso, y que la caja automática pilotada ETG de 6 relaciones se convierte también en una excelente aliada por versatilidad —y facilidad— de uso en cualquier circunstancia, desde el abigarrado tránsito urbano a los desplazamientos por carretera.
Exclusivo de esta versión e-HDi 92, la adopción del cambio ETG en el Cactus ha traído aparejados algunos cambios estructurales en el interior del coche: asientos delanteros «espíritu sofá» simulando una banqueta corrida, desaparece la tradicional palanca de cambios, se sustituye por tres botones «Easy Push» («D» para arrancar y circular, «R» para marcha atrás y «N» para punto muerto) y también hay levas en el volante para cambiar manualmente de marcha, mientras la palanca del freno de mano tiene un «curioso» diseño de pomo con desbloqueo.
Es verdad que el funcionamiento del cambio pilotado ETG, como sus demás congéneres homólogos en otros fabricantes, requiere un mínimo de adaptación para evitar los «baches» de engranado; nada que no puede solventarse a los pocos kilómetros de utilización y con sólo levantar ligeramente el pie del acelerador cuando se intuye el cambio... asunto resuelto.
En contrapartida, lo que no es poco, el ETG6 propiciará unos consumos tan bajos como que esta versión del Cactus se conforma con unos escasos 4,5 litros de media por cada centenar de kilómetros, lo que nos permitirá superar ligeramente el millar de kilómetros sin visitar el surtidor.
Así que... ocho décadas después, y millones de modelos más tarde, el Cactus vuelve a romper moldes en los catálogos del chevron; «entendiendo», otra vez, como debe «entenderse» la filosofía automovilística: cómoda y práctica, con un estilo «muy Citroën» cuajado de tecnología en un envoltorio presidido, ya se ha dicho, por los «impactantes Airbump» mientras, en su interior, el airbag del copiloto ubicado en el techo —otra primicia— permite ganar espacio para el pasajero delantero liberando el salpicadero, que dispone así de una generosa guantera y adoptar un salpicadero, presidido por la generosa pantalla táctil de 7 pulgadas donde también «se ve» la cámara de visión trasera, que prescinde de infinidad de botones; incluso el tradicional cuadro de instrumentos ha dejado paso a una pantalla digital.
Por lo demás, unos aprovechables 354 litros de capacidad de maletero (diáfano y sin recovecos), el techo acristalado panorámico (sin cortinilla, aunque con alta protección térmica) y el «MagicWash» (ingeniosa invención para no perder visibilidad mientras se limpia el parabrisas) acaban por redondear un producto, el C4 Cactus, con el que Citroën vuelve... ochenta años después... a marcar la senda de las realizaciones «diferentes».