Peugeot 402. Imaginación… desbocada
Tres hombres… y un destino. Emile Darl´Mat (un dinámico concesionario), Marcel Pourtut (un carrocero diferente), Georges Paulin (un precursor dentista ‘diseñador’) y un techo escamoteable en el maletero del coche… nacía el 402. Pionero en ‘incrustar’ los faros dentro de la calandria frontal y en ‘abrazar’ las pautas «Streamline Moderne».

Un destino… en lo estilístico. Setentaicinco ‘redondos’ años desde que el techo de acero descapotable, y escamoteable —hoy ‘tan´ corriente— tomase carta de naturaleza en el —entonces— revolucionario Peugeot 402, cuya versión coupé correría las últimas 24 Heures Du Mans justo antes de la II Guerra Mundial.
Un pedazo, y no pequeño, de la historia de la automoción mundial que cumple 75 años desde que se dejase de fabricar… allá por 1942.
Aparecidos a finales de la primavera de 1934, los 401 y 601 tuvieron honor de ‘vestirse’ con las carrocerías «Eclipse» y, uno de los más bellos, fue precisamente el 402, ‘hijo’ de una época —los años 30— en la que Europa rendía culto a todo lo proveniente de Estados Unidos, y las corrientes artísticas no iban a ser menos.
El «Streamline Moderne» —estilo aerodinámico— causa furor en 1937: líneas Art Decó horizontalles —‘así’ de largas-, curvas, elementos náuticos como barandas y ventanas de portillo… todos los fabricantes de automóviles pugnaban por implantarlo en Europa, aunque el único que verdaderamente lo conseguiría fue Peugeot, con ‘su’ 402; un modelo mítico por lo que significó su herencia, hoy más en boga que nunca.
Presentaba una similitud singularmente acentuada con las realizaciones de los fabricantes americanos: perfil redondeado, aletas curvilíneas, carrocería muy larga con seis ventanas y un parabrisas en dos partes; peculiaridades que adelantarían futuros diseños en los automóviles producidos a partir de entonces. Nacía un nuevo movimiento artístico en el mundo de la automoción: «Fuseau Sochaux».
Todo un adelanto tecnológico que utilizaba un sistema eléctrico para abatir el techo y que, también es verdad, no tuvo inicialmente el éxito deseado, había cuenta que los ‘expertos’ de la época seguían fieles al sistema manual, considerado «más fiable y ahorrador de energía». Los años posteriores les llevarían la contraria: los Coupé Cabrio acabarían por convertirse en objeto de deseo para los ‘bon vivant’ y amantes de la deportividad.
Un fidelísimo empresario de la marca del León de Montbeliard (Émile Darl´Mat, importante concesionario parisino) firmaría la versión de carreras: 402 Darl´Mat, convirtiéndose en precursor ‘racing’ y descapotable. ¡Joyeux anniversaire!