Nacido… para correr

Sólo ocho meses después de las primeras ‘pinceladas’ , el 300 SL estaba listo para Brescia, para tomar la salida en la Mille Miglia de 1952; la ‘carrera de las carreras’, en la que, veintiún años antes, Rudolf Caracciola había dado a la Estrella su primera victoria en una de las más legendarias carreras que el mundo haya conocido. Entre 1927 y 1957, la Mille Miglia le disputaba protagonismo al triunvirato de oro: Targa Florio, 24 Horas de Le Mans y la Carrera Panamericana. Aquel mismo Caracciola —duelo de mitos— que, con un 300 SL ‘algo’ menos potente, defendía el ‘Plateado’ con Kling y Lang, frente a un Bracco que enarbolaba la bandera de Maranello (Ferrari ganó 8 veces la Mille ). Tras un incesante duelo entre Kling y Bracco, el centenar de caballos suplementarios del ‘Il Cavallino’ frente al Mercedes, darían la victoria a Ferrari, con Caracciola cruzando cuarto bajo la ajedrezada.
Una suerte de ensayo general para la gran victoria del ‘hermano mayor’ , el icónico 300 SLR —derivado del monoplaza de F1— que rompió todos los registros en la Mille de 1955: Stirling Moss y Denis Jenkinson hicieron historia, marcando —para siempre— el récord absoluto de una prueba que, sólo un par de años después, finiquitaba su trayectoria tras el trágico accidente del español Alfonso de Portago (Ferrari), con Piero Taruffi (Ferrari) firmando el triunfo en 1957.
Si la década de los cincuenta consagró a Mercedes —volvía a hacerlo— por imbatibilidad deportiva, también lo hizo —consagrar— al 300 SL / SLR como uno de los Sport más codiciados por los amantes de las carreras, antecesores —por vía directa— de los actuales Roadster firmados por AMG.