De 1961 a 1974… E-type

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«Un clásico para la eternidad». Estética vanguardista y excelentes prestaciones, ‘nacidas’ de las victorias atesoradas por el Gran Gato en las ‘24 Heures du Mans’.
«El coche más bello jamás fabricado» (no le dolieron prendas al Commendatore Enzo Ferrari a la hora de piropearlo); morro ‘así’ de largo, para alojar ‘aquel’ 6 cilindros XK de 3.8 litros (265 CV) del pionero Series I, para muchos el E-Type por excelencia, firmado por Malcom Sayer (1916-1970), quién también ‘dibujó’ los icónicos C-Type y D-Type dominadores en Le Mans, un avanzado a su tiempo: profusión de líneas curvas, excelente aerodinámica y un interior ‘tan’ acorde con la silueta exterior: volante de tres radios perforados y sucinto aro de madera, parte superior del salpicadero tapizada en piel y túnel central acabado en aluminio pulido, además de unos generosos relojes analógicos (velocímetro calibrado en millas) enseñoreándose de un cuadro de marcada inspiración americana.
De hecho, el primer mercado para la exportación del E-Type fue —¡cómo no!— el estadounidense; rivalizando, en su momento, con los V12 de Ferrari (250 y 275), el Corvette de Chevroolet y Aston Martin DB4/5, sus ‘vecinos’ de Newport Pagnell.
El 6 cilindros en línea alimentado por 3 carburadores SU, junto con la arquitectura clásica del coche —motor delantero y propulsión trasera— marcaban la auténtica filosofía Gran Turismo del E-Type; por no hablar de su chasis monocasco de acero, con un ‘entramado’ tubular para sostener el motor, la suspensión delantera, la transmisión (manual de 5 marchas) y la dirección, sin olvidar unos —ya entonces— potentes frenos de disco en las cuatro ruedas, fruto de la experiencia adquirida con los C y D-Type en las carreras. Incluso el chasis de la versión descapotable —Convertible… ¡por favor!—, eran tan rígido como el del Coupé, todo un logro para su época.
Así que, el ‘zapatilla’, como se apodó en España, mantuvo durante 14 años el hegemónico glamour de Coventry en el mundillo de las grandes realizaciones deportivas.
Hoy, la magia continúa en el corazón de los incondicionales… y en el de los que han acabado siéndolo por su coleccionismo.