Diario de León
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El ‘Proyecto 33’, marcaría el regreso de Alfa Romeo a las carreras, dirigido por Giuseppe Eugenio Luraghi —presidente de la compañía—, con el concurso de Carlo Chiti responsable de Auto Delta, el recién creado departamento de carreras de ‘Il Biscione’. Franco Scaglione se encargaría de dibujar una auténtica obra maestra de equilibrio y elegantes líneas puras.

Entre 1967 y 1969, solamente se fabricarían 18 ejemplares, uno de los cuales se conserva en el Museo de Arese. Seis de aquellos chasis, servirían también para fabricar algunos de los prototipos que anticiparían dos décadas del diseño automovilístico: Carabo (1968), P33 Roadster GR (1968), 33/2 Coupé Speciale (1969), Iguana (1969), Cuneo (1971) y Navajo (1976). También marcaría el traslado de Autodelta a Settimo Milanese, por proximidad a la fábrica de Alfa y a la pista pruebas de Balocco.

‘Periscopica’ —por la toma de aire encima de la barra antivuelco— fue el apodo del primer 33 que competiría en las carreras, eligiéndose para su debut la subida cronometrada de Fléron —cerca de Lieja, en marzo de 1967—. Pilotado por Teodoro Zeccoli, jefe de pruebas de Auto Delta, quien firmaría rápidamente una serie de significativas victorias; laureles que continuarían reverdeciéndose en el Mundial de Marcas de 1975 y 77. Acrisolada, la leyenda del ‘Il Biscione’, en once ediciones de la Mille Miglia, cuatro consecutivas en las 24 Heures du Mans… en los dos primeros Campeonatos del Mundo de F1 —tal como hoy los conocemos— con Farina y Fangio.

Si la del coche es una historia épica, no lo es menos la de su diseñador Scaglione: nacido en el seno de una antigua familia aristocrática florentina, estudió ingeniería aeronáutica hasta su reclutamiento y destino al frente libio, donde sería hecho prisionero en Tobruk. De regreso a Italia, Scaglione abandonaría los estudios de ingeniería, para convertirse en diseñador de automóviles: con Pinifarina primero, con Bertone después para acabar, finalmente, trabajando por su cuenta; así, ‘el mago’ Scaglione pondría todos sus conocimientos, y audacia creativa, al servicio del 33 Stradale. Resultado: una innovadora obra de arte estilística, a la búsqueda de la aerodinámica y la funcionalidad… un coupé de escasamente un metro de altura —99 centímetros, para ser exactos— con puertas de apertura vertical, uno de los escasos —poquísimos— automóviles de carretera basados en las carreras, heredero de unas excelentes soluciones técnicas que, aún hoy, más de medio siglo después, son capaces de hacer sombra a los sofisticados coches modernos: el ‘cofango’ del 33 Stradale se abre completamente para el acceso a los componentes mecánicos, como sus puertas ‘élitros’ para poder entrar en un vehículo que se ‘eleva’ a manos de un metro del suelo. Otra de las diferencias respecto a la versión de pista, se sustanciaba en la prolongación de la batalla —distancia entre ejes— en una decena de centímetros, ampliando así —ligeramente— el habitáculo, asentado sobre un bastidor de acero en lugar de aluminio.

Si además del diseño la ‘emoción Alfa’ es su mecánica, el pionero 33 Stradale adoptaba —pura herencia de carreras— el motor de aleación de aluminio y magnesio, con inyección mecánica indirecta: V8 de 2.0 litros y 230 CV a 8.800 vueltas (21,5 metros/kilo de par) lo que, en un coche tan ligero, se traducía en 5,5 segundos en el ‘sprint’ de cero a cien y en 260 por hora de punta… una auténtica joya de la época, obra del legendario ingeniero Giuseppe Busso, perfeccionada por el equipo de Carlo Chiti.

Presentado oficialmente en el Salón del Automóvil de Turín (1967), tras haberse desvelado semanas antes en el Autodromo Nazionale di Monza, con motivo del G. P. de Italia de F1, personificando así un estrecho vínculo «de la pista a la calle», sellado —eso además— por el Quadrifoglio, símbolo utilizado por primera vez por Ugo Sivocci en 1923, y adoptado a partir de los años 60 como emblema de los Alfa más potentes y deportivos en la producción de ‘Il Biscione’.

En el momento de su lanzamiento, el 33 Stradale era el deportivo más bello… y también el más caro: 10 millones de liras, frente a los 6 o 7 de sus más prestigiosos rivales.

Cortesía de la inspiración de Franco Scaglione, y la derivación tecnológica del Tipo 33, el Stradale ha pasado a convertirse… en pura iconografía Alfa.

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