Diario de León

Olympia: recordman… de Opel

‘Type Olympia’ 1935: primer vehículo producido en serie con carrocería autoportante totalmente de acero. Hoy, el Astra, vanguardista ‘superventas’ compacto… recoge el testigo.

Opel Olympia.

Opel Olympia.DL

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Pionero… de altos vuelos y héroe cinematográfico. En 1935 nacía el ‘Typo Olympia’, un modelo especial de Opel que en buena medida —mucha— es el responsable de que hoy en día se dé por sentada multitud de modelos y variantes de coches modernos. Al Opel Olympia le cabe el honor de haber sido el pionero alemán producido en serie con carrocería autoportante realizada en acero; lo que, paralelamente, permitiría la llegada del ‘matrimonio’ productivo, un —entonces— innovador concepto que escribiría la historia de la automoción europea, cuyos actuales capítulos se sustancian hoy en la producción en serie de los modernos automóviles.

1935 arrancaría con una auténtica ‘explosión’ en el mundo del automóvil: Opel presentaba el ‘Typo Olympia’ de 1,3 litros en el Salón del Automóvil de Berlín, que entraría en producción en abril: inicialmente como berlina descapotable y, a renglón seguido, con un techo cerrado de hojalata. Lo extraordinario del Olympia no es sólo que se convirtiese en el primer automóvil en cruzar ‘el charco’ Atlántico hacia América del Sur… a bordo de un dirigible; también por su revolucionaria construcción con carrocería autoportante, aplicación que ahora se da por sentada. El ‘esqueleto’ metálico del cuerpo autoportante consta de vigas de perfil, conectadas entre sí como en la construcción de las aeronaves, lo que da como resultado una masa reducida; con sólo 835 kilos —en vacío—, el Olympia pesaba 135 kilos menos que su predecesor de chasis perfilado. Consecuencia: incremento dinámico a igualdad de motor, y un menor consumo de combustible. Lo que acabaría convirtiendo al Olympia en la berlina de producción más económica de su clase, también en la más rápida. El inicial motor de 1.3 litros (24 CV) permitía una punta de 95 por hora con, además, escasamente 9,5 litros de consumo medio por cada centenar de kilómetros, todo un récord en la época. Eso, además de otras significativas innovaciones: con una distancia libre al suelo prácticamente invariable respecto al antecesor, el cengro de gravedad del Olympia era unos 15 centímetros más bajo que el anterior Opel 1.3 litros, mientras su cómoda suspensión sincronizada garantizaba un comportamiento dinámico estable y seguro. No les dolían prendas a los responsables de la casa madre de Rüsselsheim a la hora de piropearlo: «Incluso a altas velocidades, el Olympia es a prueba de curvas». Con 2,37 metros de batalla —distancia entre ejes— y 3,95 de longitud total, el Olympia también se mostraba singularmente maniobrable. Y no fue solamente su ejemplar comportamiento rutero lo que haría célebre al Olympia, también impresionaba la comodidad del habitáculo merced a los asientos tapizados en pana, con posibilidad de plegar hacia adelante los respaldos de los delanteros. Incluso el diseño de carrocería autoportante aumentaba la seguridad de los pasajeros: techo de una sola pieza de acero lo que, según el fabricante, propiciaba una estabilidad adicional al coche. En la zona del perfil delantero, en forma de horquilla, un punto de rotura predeterminado absorbía parte de la energía del impacto en caso de colisión: se habían creado los precursores de una celda rígida de pasajeros y una zona de deformación… tan imprescindible hoy en día. También el entonces nuevo modelo lucía un bonito diseño: por primera vez, el Olympia integraba los faros en la carrocería. A su vez, la carrocería autoportante no sólo propiciaba un automóvil más liviano, seguro y cómodo, también permitía la moderna producción automovilística en grandes

series, que acabaría convirtiéndose en ‘norma’ en todas las fábricas del mundo en las siguientes décadas: nacía el ‘matrimonio’ entre carrocerías y motores. Por primera vez, los ejes y motores premontados ya no se atornillaban en le chasis desmontado, sino que se elevaban a las carrocerías, introduciéndolos desde arriba en las cadenas de montaje mediante mesas elevadoras hidráulicas; así, se agilizaba —optimizada— el proceso productivos lo que, paralelamente, se traducía en ventajas económicas para los clientes: la berlina Olympia de dos puertas y el Cabriolet (también de dos puertas) se vendían a partir de 2.500 marcos alemanes, una rebaja de 350 marcos respecto al modelo precedente de 1.3 litros; lo que se tradujo para Opel en otro motivo de celebración en 1935: primer fabricante alemán que superaba las 100.000 unidades anuales. En 1936, el Olympia se convirtió en el primer automóvil en surcar materialmente los cielos: en el vientre del célebre dirigible LZ 129 Hindenburg, la unidad medio millón de Opel ‘flotó’ rumbo a Río de Janeiro. Después de sólo tres días, y 10.000 kilómetros recorrido, el Hindenburg aterrizaba en la metrópoli sudamericana… con el Olympia a bordo. Los entusiastas brasileños celebraban la llegada con una multitudinaria ‘rúa’; de esta forma, un Opel Olympia viajó más alto y más lejos antes que cualquier otro coche. Incluso once años antes, el Olympia también se había convertido en todo un protagonista cinematográfico:

‘En aquellos días’, rodada en 1947, la historia de la última década se contaba simbólicamente desde la óptica del Olympia y sus muchas experiencias, convirtiéndose en el ‘personaje’ central de una película que, merced a su nada convencional estilo narrativo, acabaría incluyéndose en la educación escolar. Para redondear, seguía la exitosa trayectoria del Olympia: las posteriores generaciones de Opel, conservarían el nombre de Olympia hasta principios de la década de 1970, reflejando una innovadora tecnología, calidad productiva y fiabilidad. Idénticas virtudes que la marca ha venido incorporando durante décadas, hasta el moderno Astra (inicialmente conocido como Kadett), todo un ‘superventas’ en los catálogos de Opel.

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