Lancia
Trío de ases…
Pocos como la marca transalpina han cultivado tanto, y tan bien, las versiones ‘especiales’. Sus catálogos están repletos de descapotables y coupé pensados para el máximo disfrute al volante: Aurelia B24 Spider, Flaminia Convertible y el icónico Fulvia Coupé. Elegancia atemporal

«Spider América». El Aurelia B24 descapotable marcó un hito en los catálogos de Lancia a mediados de los años 60.
Firmado… Pininfarina. Lanzado en 1954 bajo la firma del maestro Pininfarina, el Aurelia B24 «Spider América», que lograría un éxito sin precedentes en el mercado estadounidense, puede presumir de haberse convertido en todo un icono de elegancia y diversión al volante.
Carrozzeria Touring sería la encargada de sacar a la luz, en 1960, el Flaminia GTL 2+2 y el Flaminia Convertible, animados ambos por un motor de 150 CV. El ensoñador triunvirato lo completa todo un inexcusable referente de la competición a mediados de los 60: Fulvia Coupé (1965); líneas deportivas y un excepcional rendimiento dinámico que sentaría las bases para la prestigiosa línea HF de Lancia, símbolo del automovilismo mundial. En 1954, Max Hoffman, mítico importador de automóviles europeos de gran lujo para el mercado estadounidense, proponía a Lancia lanzar una versión descapotable del Aurelia. Objetivo: conquistar los corazones —y los bolsillos— de los magnates californianos deseosos de disfrutar de coches de altas prestaciones en las reviradas carreteras costeras del «Golden State». Lancia recoge inmediatamente el guante y, con la colaboración del ‘imprescindible’ Pininfarina, se pone manos a la obra en el desarrollo de una propuesta que capaz de conjugar una conducción divertida con una elegante estética y una punta de 185 por hora. La receta del éxito… estaba servida: muchas estrellas de Hollywood, además de numerosas figuras de la vida social del momento, elegirían el Aurelia B24 Spider para disfrutar al volante; también el ‘apellido’ estaba servido: «Spider América». Que, por deportividad y sugestiva estética, se le considera todo un mito del automóvil italiano de los años 50; cuya primera generación sacrificaba todo a la aerodinámica —manillas de las puertas incluidas—, con las ventanillas laterales sustituidas por unos pequeños paneles de plexiglás. Eso, por no hablar de ‘la carrera’ cinematográfica del «Spider América», protagonizando clásicos como
«Le Fanfarron», de Dino Risi (1962), con Vittorio Gassman y Maurice Trintignant… ¡casi nada! En 1957, ‘rueda’ sobre la alfombra roja del Salón de Ginebra el heredero del Aurelia: el Lancia Flaminia, heredero de la nomenclatura utilizada por las vías romanas que recorrían Italia, y también poderosamente inspirado en el coupé Florida, desarrollado por la propia Lancia con el concurso —por descontado— de Pininfarina, que revolucionaría tanto el lenguaje estilístico de la marca turinesa como el diseño general de las grandes berlinas. A lo largo de su vida comercial, surgirían diversas versiones del modelo. Carrozzeria Touring firmó dos de sus míticos acabados: Flaminia Convertible y Flaminia GTL 2+2, a los que aplicaría su clásica estructura


Como heredero del Arelia, el Flaminia saltaba a la palestra en 1957 ‘dibujado’ por Pininfarina y con posteriores versiones firmadas por Carrozzeria Touring (Convertible y GTL 2+2), convirtiéndose en una suerte de buque insignia de la época. Incluso con una configuración Presidenziale, que sigue utilizándose como coche oficial por el Estado Italiano.
Superleggera: un chasis de tubos de acero al que se acoplan los distintos elementos de la carrocería de aluminio, que ofrecía 80 milímetros adicionales de batalla para acoger 4 plazas, ganando en versatilidad si perder un ápice de prestaciones dinámicas. Basado en el elegante GT Coupé, y estrenado en 1960, el Flaminia Convertible adoptaba la última versión del motor 2755 centímetros cúbicos y 150 CV del Flaminia. La guinda. Sinónimo de deportividad, símbolo de los rallyes de mediados de los sesenta, el Fulvia Coupé viviría su puesta de largo en el Salón de Ginebra de 1965: motor 4 cilindros en V de 1.2 litros, frenos de disco y líneas deportivas que personalizaban su diseño compacto y equilibrado. Desarrollado con tracción delantera, el Fulvia destacaba por un depurado comportamiento dinámico, traducido en una singular estabilidad en curva, revelándose como un excelente ‘escalador’ en los revirados trazados de montaña. Cualidades que le valdrían un abultado palmarés deportivo, cuyo máximo exponente sería la victoria en el Rallye de Montecarlo de 1972, con
‘Il Drago’ Sandro Munari al volante de la célebre versión HF, siglas que acabarían por dar nombre a toda una gama deportiva en Lancia.