Super Veloce: La seducción… de Zahariche

Hace cinco décadas y media, el sevillano embrujo de Lora del Río tomaba Sant´Agata Bolognese. El Lamborghini Miura SV (1971) rompía moldes; Ferruccio y Don Eduardo -sus sucesores- unían tanto los destinos como para establecer toda una filosofía: «Super Veloce», convertida en sinónimo de los más deseados V12.

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Extrema… fascinación. Justo con el lanzamiento de la última, y más extrema, versión Miura SV, ‘Automobili Lamborghini’ ya atesoraba una amplia experiencia en superdeportivos: Miura P400 (1966) y el sucesor Miura S (1968); así que, el SV se apoyaba en las virtudes de aquellos modelos originales, convirtiéndose en una evolución natural… de la leyenda.

Pionero en incorporar un motor V12 en posición transversal por delante del eje trasero: el Miura se convertía en un modelo icónico, capaz de transformar inmediatamente el mundo de los deportivos, manteniéndose en producción hasta 1973. «Con el SV, Lamborghini llevó la evolución del Miura a su máxima expresión e introdujo una denominación que se convertiría en una parte integral del ADN de la marca»… No le duelen prendas a Stephan Winkelmann, Presidente y CEO de Automobili Lamborghini, a la hora de piropear al Miura. Tanto en sus versiones P400 como S, el Miura ofrecía unas asombrosas sensaciones dinámicas, por mucho que su emocionante —y exigente— comportamiento también dejase margen: estabilidad a altas velocidades y la lubricación del motor; así que, Lamborghini respondería inmediatamente a las observaciones de sus pilotos de pruebas, y de los clientes, perfeccionando el concepto original: el V12 de 3.9 litros transversal continuaba enseñoreándose del Miura SV, optimizándolo hasta los 385 CV a 7.850 vueltas (388 Nm a 5.500 revoluciones); combinando el aumento de potencia con mejoras aerodinámicas y en el chasis. Consecuencia: escasamente 5,5 segundos en el ‘sprint’ de cero a cien y 290 por hora de punta, convirtiéndolo en uno de los automóviles de producción en serie más rápidos de su época… máxima expresión de «la estirpe». —El SV consolidaba, más si cabe, la posición de Lamborghini a la vanguardia de los superdeportivos; consecuencia práctica de cambios técnicos como la modificación del sistema de lubricación: las primeras versiones compartían el mismo circuito para el motor y la transmisión; el Miura SV los individualizó con la consiguiente mejora. Lo mismo que sucedió con el aumento del ancho de vías zagueras (sobredimensionados aletines), el ajuste más firme de la suspensión y una mayor rigidez del chasis. En definitiva: mejorado comportamiento a alta velocidad y mayor control general de un modelo perfectamente reconocible por su icónica silueta y la desaparición de las características ‘pestañas’ que rodeaban los faros, consiguiéndose así un frontal estéticamente más ‘limpio’.

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