Histórico… homenaje. Mini rinde sentido homenaje a uno de los momentos más significativos de su trayectoria deportiva: la victoria, firmada por Timo Mäkinen y Paul Easter, a bordo del Cooper S en el Rallye de Montecarlo de 1965.
Para que nade falte en la magia del imaginario… esta exclusiva edición especial ‘revive’ elementos clave del histórico diseño ganador, combinándolos con el rendimiento dinámico-práctico del Mini moderno: imprescindible sensación de kart, característica del modelo y exclusivos detalles de equipamiento.
Blanquirrojo… como toda la vida. La tonalidad ‘Chili Red’, el techo y las carcasas de los retrovisores en ‘Glazed White’; la franja blanca del capó, del techo y la zaga, además del número «52» utilizado en su día, actualizan —nos retrotraen— al original aspecto del coche de rallyes: la inscripción «1965» en el pilar central, los tapacubos de las llantas de 18 pulgadas y los tapones de las válvulas de inflado específicos de esta edición, añaden distintivos detalles adicionales. También en el habitáculo se hace referencia expresa al ADN deportivo de las ‘pastillas de jabón’: los umbrales de las puertas con la inscripción «1965», una dedicatoria especial acuñada en el interior de la puerta, amén de otros sugestivos detalles, acaban por crear un indisoluble vínculo con los históricos éxitos en las pruebas de carretera. Salvo la helada y nevadísima de 1952, la de 1965 está considerada como una de las ediciones más difíciles del Montecarlo que en lugar de terminar en el circuito urbano de F1, los participantes volverían a disputar un tramo nocturno en St. Claude en dirección al Principado: 610 complicados kilómetros alpinos ‘bregando’ con la nieve y la escasa visibilidad (pilotos materialmente cegados por el reflejo de los faros en el hielo); así que, solamente cruzarían bajo la ajedrezada 35 de los 237 iniciales participantes. Época dorada la de mediados de los sesenta, cuando los Tres Mosqueteros de Mini: Paddy Hopkirk, Rauno Aaltonen y Timo Mäkinen… dominaban el panorama.
Maqueta… rodante
La de 1963/64 se convertiría en “la” temporada del glorioso debut de Mini en el mundillo de los rallyes: un ‘minúsculo’ tracción delantera, rojo con techo blanco, reducida ‘romana’ y motor potente; el típico “coche preparado” con la firma de John Cooper… ganador del mítico Rallye de Montecarlo en 1964 (Paddy Hopkirk / Henry Liddon); al año siguiente… Timo Makinen y Paul Easter confirmarían las habilidades de las ‘pastillas de jabón’ en las reviradas carreteras de los Alpes Marítimos y en la mágica noche del Col de Turini (1.607 metros de altura).
De la expectación… a la leyenda. Épocas fascinantes para ‘El Monte’, casi 5.000 kilómetros de recorrido total, en trono a 300 participantes ‘batiéndose el cobre’ entre el añorado Recorrido de Concentración (salida desde diversas capitales europeas hasta llegar a Mónaco) y los exigentes tramos cronometrados (asfalto nevado… en enero). Consecuencia: ganaba quien sumase menos penalizaciones entre el inicial recorrido de concentración y los posteriores tramos de velocidad.
Hoy, aquella fascinación (el actual Rallye de Montecarlo ha perdido magia) la plasman los aficionados, impenitentes coleccionistas, en sus repletas vitrinas de modelos a escala; ‘item más’, incluso en auténticas “maquetas rodantes” que pueden verse -admirarse- en diversas concentraciones de coches clásicos. El Mini Cooper del Montecarlo es una de las más codiciadas piezas… para “maquetarlas”: la impecable realización nº 144 que muestran las fotografías, es una buena muestra de estas incombustibles aficiones. Reproducciones casi “totalmente” fieles a la realidad de la época por mucho que, eso también, luzcan ‘el sello’ de su ‘maquetista’. El Cooper S nº 144 (Montecarlo 1964 según la reproducción de la placa en la baca de techo… no falta detalle) no corresponde a ningún coche -auténtico- oficial de fábrica participante en aquella edición de la prueba monegasca, sino a una célebre reproducción a escala 1:18 del famoso fabricante francés “Solido”.
El Mini ganador en 1964 (1.071 cc, 70 CV), conducido por el irlandés Patrick “Paddy” Hopkrirk y copilotado por el británico Henry Liddon, portaba el dorsal nº 37 y la mítica placa de matrícula 33 EJB; lo que no empecé para que “nuestra” maqueta rodante (Concentración de Coches Clásicos en Sariegos el pasado junio) luzca una impecable revisión de época, donde ni siquiera faltan, además del imprescindible bitono rojiblanco o las llantas Dunlop diseño Minilite, marcados aletines, evocadora baca de techo con neumáticos claveteados, ‘pegatina anunciadora’ obligatoria en la tapa del maletero, ‘medio’ arco de seguridad interior (sólo trasero en la reglamentación de la época) y en cuyas aletas delanteras se plasman los nombres de piloto y copiloto: Timo Makinen / Paul Easter, amparados por la escarapela BMC (British Motor Corporation) identificativa del equipo oficial… pura evocación.
Huelga decir que la ‘joyita’ suscitó admiración entre la nutrida parroquia de aficionados y asistentes a la reunión de clásicos.