Deicidas
Zapico y Pajares se presentaron en la Plaza de la Catedral para decir: aquí estamos nosotros. Y se sacaron de la manga sus Deicidas de antaño para darse un paseo por el 2009. Resultó que todo sonaba en hora. Y las caras de satisfacción del público, las de los que se enfrentaban por primera vez a una de sus incontenibles sesiones, y las de los muchos incondicionales que no quisieron perdérselo, delataban que sería un grupo de mucho más recorrido para estos tiempos que corren.
Sea como sea, un divertimento o un encuentro que pretende continuidad, el regreso de Deicidas fue una grata noticia. Porque desempolvaron sus viejas canciones y están como nuevas. Porque el rock que practican resulta un contundente producto de nutritivo y fácil consumo. Y, definitivamente, porque el algodón no engaña: allí había mucha gente que coreaba los hits de uno de los grandes grupos de los tiempos invisibles del pop-rock leonés. Años sin huella en los que lo perdurable era quimera y lo único que valía resultaba ser el aquí y ahora del directo.