Diario de León

Filosofía GTI+ corazón GTD = VW Golf

Puede que no sea un GTI-¦ ¡pero se parece tanto!

Publicado por
JAVIER FERNÁNDEZ
León

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Corre mucho, gasta poco. La cuadratura de un círculo que Volkswagen redondea con el alter ego , en versión gasóleo, de un concepto que ha marcado pautas desde hace décadas en el nutrido catálogo de compactos. Sólo un mitigado ronroneo nos advierte de la presencia de «algo» distinto bajo el capó delantero. Todo lo demás, tapicería a cuadros incluida, nos transportará al sugestivo -”se diría sacrílego 1397058884 mundo de las realizaciones singulares.

Lo de la tapicería, ya se sabe, viene dado por el anatómico guiño de unos asientos -”anatómicos se decía entonces-” con los que VW rinde homenaje a las primeras versiones GTI del Golf. Y lo del sacrilegio -”si lo hubiere-”, porque ya habrá algún que otro purista de salón que así lo considere-¦ por lo del gasóleo -”ya me entienden-”.

Por aquello de que no hay nada nuevo bajo el sol -”o casi-” hace ya más de un cuarto de siglo, 27 años para ser exactos, que el Golf rasgaba más de una vestidura con un primer -”¿primitivo?-” GTD de 70 CV -” ruidosillo , claro-” que podía presumir de unas prestaciones singularmente altas para la época con, lo mejor, unos consumos irrisorios-¦ como ahora, vamos. Sólo que ahora, las cosas han cambiado tanto -”y tan bien-”, que aquel pionero acabaría por poner la primera piedra de un camino cuya autopista hoy se llama TDI.

Es verdad que el invento duró poco en catálogo por, se supone, no contaminar la auténtica alquimia GTI. Pero también lo es -”verdad-” que alguien en Wolfsburg debió conservar en su memoria, y en algún recóndito cajón, la idea-¦ rediviva en estos primeros compases del XXI con un GTD de carreras . Y, para que tampoco se engañe nadie, cada cual marcha por su lado: el gasolina GTI y el gasóleo GTD, por mucho que las apariencias-¦ tampoco aquí engañen .

Salvo al muy avezado observador, no resulta fácil distinguirlos a primera vista: parrilla nido de abeja -”contornos cromados, eso sí-”, faros bixenón autodireccionales, antinieblas verticales y generosa boca bajo la placa de matrícula; generosos también los aletines y, desde luego, el imprescindible alerón trasero coronando la luneta. Unas llantas específicas (17 pulgadas) y la doble salida de escape sólo en la izquierda, justo debajo de las siglas «GTD» -”ahí estamos-”, acabarán por desfacer el entuerto visual-¦ y la empanada mental.

Con un chasis equilibrado y previsible (rebajado unos imperceptibles 15 milímetros), que nunca pondrá en apuros al conductor, el tetracilíndrico turbodiésel de rampa común se revela tan progresivo como anticipan sus homologaciones. Desde sólo 1.750 y hasta 2.500 vueltas, no solamente sigue habiendo patada -”sin estridencias, además-” también una progresividad digna de mecánicas bastantes más tranquilas. Consecuencia: disfrute asegurado al volante -”achatado en su polo inferior, para que nada falte-” por tan sugestiva respuesta, con la también inestimable ayuda del impecable cambio manual de 6 marchas. En caso de pretender una caja algo más rápida y prestacional, siempre podremos optar (1.700 euros) por el automático secuencial DSG.

En suma, que como buen gasóleo potenciado, donde el Golf GTD juega mejor sus bazas es en los adelantamientos -”muy seguros por lo fulgurantes-”y en un excelente compromiso entre firmeza de suspensiones y confortabilidad de marcha. Bien calibrado en dirección y frenos, vira plano y no pierde trayectorias. Miren por donde-¦ hasta suena a GTI. ¡Una delicia para los sentidos!.

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