Diario de León

La otra boda de Lolita

Su primer enlace fue un tumulto. Ahora la hija mayor de Lola Flores quiere volver a casarse, pero en secreto, con el cubano Pablo Durán, diez años menor que ella

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Arantza Furundarena
León

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Una vez, esta periodista tuvo la oportunidad de llamar al domicilio de la gran Lola Flores para hacerle unas preguntas. La primera sorpresa fue que el teléfono lo cogió ella misma. «¿Digame? Sí, soy yo, qué quieres, guapa...». Y acto seguido, sin conocer de nada a la persona que estaba al otro lado del hilo telefónico, Lola se puso a dar explicaciones como si estuviera hablando con una vecina o con una amiga de toda la vida. «Llámame mejor mañana porque ahora tengo una afonía tremenda. Es que anoche me quedé hasta muy tarde en el bingo (literal) y con el aire acondicionado, ya sabes, hija,... he cogido frío».

En esa escuela de espontaneidad y desparpajo se ha criado Lolita González Flores, la hija mayor de La Faraona y de El Pescaílla. Sin llegar al grado de confidencialidad y franqueza que solía mostrar su madre en cuanto le ponían un micrófono delante, Lolita sí ha heredado muchos de los rasgos característicos de su inefable familia: sinceridad, retranca, sentido racial y un tremendo apego a la familia. Además de una gran capacidad para ser polifacética, que lo mismo te gana un Goya como actriz que te diseña una joya, una chancla o una toalla de playa. Es el sello Flores, un label que los hace más auténticos. «Soy como soy, incapaz de fingir y de separar a la artista de la persona». Así se define Lolita al celebrar los treinta y cinco años de su debut sobre un escenario. El próximo 6 de mayo cumplirá «52 tacos», como admite ella misma, y lo hará encantada de conocerse. «He comprendido que la verdadera belleza reside en saber aceptar las huellas del tiempo y no pretender tener una cara de veinte cuando los andares ya son de cincuenta, ja, ja, ja...».

Tiene motivos Lolita para reírse satisfecha, porque podría decirse que ahora mismo lo posee todo en la vida. «No, todo no. Mi vida no ha vuelto a sus cauces, ni volverá nunca, porque hay tres puntales que me faltan: mi padre, mi madre y mi hermano. La vida me los arrebató... Pero, en fin, está perdonada». Aún así, la cantante vive un momento muy dulce. Está a punto de casarse con Pablo Durán. Y aunque ella no quiere entrar en detalles -” «Me caso, me caso. Pero no voy a decir la fecha»-” su hija Elena ha declarado que la boda será en mayo. A ello se une el éxito profesional. Después de recorrer veinte ciudades con su espectáculo De Lolita a Lola , la artista recalará el 13 de marzo en el teatro Häagen Dazs Calderón de Madrid.

«Antonio cambió mi vida»

Lolita repasa sus 35 años de carrera y rinde homenaje a su padre, «con el que empecé a cantar», a su madre, «de la que he aprendido muchísimo» y a su hermano, «que cambió mi vida profesional y mi forma de hacer». Porque para biografía intensa, la de Lolita. Nació cuando su madre era ya, junto con El Cordobés y Urtáin, la estrella más emblemática del tardofranquismo. Vivió una infancia a caballo entre el pijerío marbellí y los colegios caros de Madrid. Si su nacimiento fue noticia, mucho más lo fue su boda; un auténtico tumulto (cinco mil personas metidas con calzador, y a 43 grados de temperatura, en un templo con capacidad para 1.200) que a punto estuvo de terminar en catástrofe pero que afortunadamente no pasó de episodio tragicómico; una de esas anécdotas para el recuerdo, sobre todo por la peculiar arenga de una cabreadísima Lola Flores a la muchedumbre. «Gente, si de verdad me queréis... ¡Irsen!». Recordando aquello, es lógico que Lolita no quiera descubrir hoy día la fecha exacta y el lugar de su próxima boda con Pablo Durán, con el que ya lleva formando una pareja «de hecho y de desecho».

Durán no sólo es un compañero en su vida familiar, sino también en la profesional. A punto estaba la artista de tirar la toalla... Y en esto llegó Durán. «Pablo ya tenía un ramalazo Flores desde antes, lo que pasa es que él no lo sabía».

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