Perfiles
enóloga
Como saben tipos de botellas hay muchos. En cualquier supermercado, tienda de vinos o escaparate con un lineal de botellas a la vista podemos darnos cuenta de la gran cantidad de formas, colores y tamaños que se ofrecen. Al contrario de lo que podamos pensar, el uso de un color determinado, de una forma concreta o de un tamaño u otro, no es casual; o al menos no debería serlo. A lo largo de los años, los diseños se han adaptado a las necesidades y han cumplido una función.
Por ejemplo, la forma de las botellas responde a unos requisitos y unos condicionantes relacionados directamente con el tipo de vino que albergan. Comencemos por los vinos de Burdeos y sus botellas bordelesas. Estas botellas se ensanchan rápidamente tras el cuello y el resultado es una botella con hombros marcados. Esta forma se adapta a las características propias de los vinos de Burdeos, fuertemente coloreados y con mucha potencia en boca. Cabernet Sauvignon y Merlot son las variedades predominantes de esta zona. Estas uvas, al contrario que la Pinot Noir de la que hablaremos luego, se caracterizan por ser muy coloreadas y aportar a los vinos grandes cantidades de polifenoles, para entendernos lo que los hace potentes y robustos. Es habitual que con el paso de los años y el reposo de estos vinos en la botella, aparezcan sedimentos y posos, resultado de la precipitación de la materia colorante y otros polifenoles.
Al servir estos vinos, hay que evitar que los sedimentos se viertan en la copa. La mejor manera es interrumpir el paso de los posos con el hombro de la botella. Así, los posos quedarán recogidos en la parte justo anterior al cuello de la botella y evitaremos los temibles tropezones en el vino.
En el otro extremo, están los vinos de Borgoña y sus características botellas sin hombros, que se utilizaban tradicionalmente para vinos sin mucho cuerpo ni estructura. Los vinos de Borgoña se elaboran principalmente a partir de Pinot Noir, una variedad tremendamente elegante y sutil.
Un tipo de uva que no tiene demasiado color, ni demasiados polifenoles. No es habitual encontrarse con posos en estos vinos por muchos años que pasen ni por mucho que madure el vino. Sencillamente porque la Pinot Noir no es igual que la Cabernet Sauvignon. Así que los hombros en esta botella no tienen ninguna utilidad. Esta botella se usa mucho actualmente para los vinos del Bierzo, precisamente para resaltar esa elegancia que los relaciona con los vinos de Borgoña.
Por esta misma razón, los vinos blancos y rosados tradicionalmente se embotellan en botellas sin hombros. La botella Rhin, alta y estrecha, era la más usada. Como comprenderán, las precipitaciones de estas sustancias no les afectan.
Quizás todo está hoy más desdibujado y la tradición práctica ha cambiado. Por obra y gracia de los diseñadores embotellamos nuestros blancos en todo tipo de botellas y hasta los potentes vinos de Ribera del Duero empiezan a verse en botellas de Borgoña. Han pasado los tiempos en los que la práctica primaba sobre la estética; ahora, estamos en los tiempos en los que no sabemos porque usamos cada cosa.