Un capricho en clave retro

Fiat 500 C. Seductor y «molón», el nuevo500C revive la magia de su célebre ancestro

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JAVIER FERNÁNDEZ
León

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Resultón. La icónica mitología del Cinquecento alarga su sombra hasta la primera década del XXI en declinación preciosista y sugestivamente retro.

El nuevo convertible que ahora propone Fiat sobre la celebrada base del 500, apellidada «C», entra por los ojos. Esta es su primera virtud. Pero hay más. Una habitabilidad equiparable a la de su homónimo cerrado y, desde luego, toda la dinámica de éste.

El fabricante transalpino ha logrado una excelente combinación entre tradición y modernidad, con evidentes reminiscencias clásicas, en un diseño que enamora y con la practicidad de la sencilla operación -”sólo pulsar un botón-” para abrir la capota de lona. Lo mejor: el escrupuloso mantenimiento filosófico de aquel otro coche fabricado allá por 1957 del siglo pasado y en el que -”ahora-” ni siquiera faltan los arcos laterales sobre los que se desliza la capota, conservando -”como antaño-” los paneles y ventanillas porque, bien se sabe y tampoco tiene porqué, nuestro protagonista no es un auténtico cabrio -¦ ni falta que le hace, para conservar la magia.

Además, con esta solución, esta carrocería apenas pierde rigidez -”piedra de toque en cualquier convertible-” y, por ende, la «lona» puede dejarse en cualquier posición, a gusto del consumidor, sin necesidad de abrirla o cerrarla completamente. Incluso puede descapotarse en marcha, siempre que no se superen los 60 por hora de velocidad. También puede descapotarse en parado con el mando a distancia y tiene un sistema de seguridad que recoge parcialmente la capota desde la posición de máxima apertura si se quiere abrir la tapa del maletero, que da acceso a unos aprovechables 182litros de capacidad.

Eso sí, con el 500C en posición abierto , la ocupación de las plazas traseras resulta sólo recomendable en ciudad; en carretera, las turbulencias molestarán en demasía a los ocupantes de esos dos asientos. Con la capota cerrada, la insonorización del habitáculo puede calificarse de excelente.

En el capítulo técnico, el 500C estrena barra estabilizadora trasera (herencia Abarth 500), elemento que Fiat irá montando paulatinamente en toda la gama 500 y que, desde luego, mejora la dinámica del coche.

La novedad motorística viene dada por el turbodiésel 1.3 MultiJet de segunda generación -8 inyecciones por ciclo- que entrega 95 CV y homologa menos de cuatro litros de consumo medio: 3,9 cada cien kilómetros, lo que resulta ser otro puntazo tecnológico, que puede unirse al cambio manual de 5 velocidades o al automático también de 5 relaciones.

Otros tres motores configuran la generalidad de la gama. El 1.2 (gasolina, 8 válvulas) de 69 CV, el 1.4 (gasolina, 16 válvulas) de 100 CV con cambio manual de 6 marchas y el turbodiésel MultiJet de primera generación que rinde 95 CV.

Como sus demás hermanos de catálogo, también con el 500C puede configurarse un coche a la carta : 11 colores de carrocería, 3 de capota y 90 combinaciones cromáticas, además de numerosos gadgets que acabarán por hacer del «nuestro»-¦ un coche irrepetible.

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En suma, un auténtico bombón , en clave de capricho preciosista que, por si fuera poco, recuerda poderosamente a la primitiva realización dibujada por Dante Giacosa en 1957.