Lo que la OCM procura
enóloga
Llevamos varios meses a vueltas con Europa y nuestros vecinos productores para intentar buscar una solución a la Organización Común del Mercado Vitivinícola. La anterior OCM ha quedado obsoleta y sus directivas hace tiempo que dejaron de ser útiles. No se trata de hacer aquí un sesudo análisis sobre los pros y los contras del apoyo de la Unión Europea al sector vinícola, pero sí de intentar extraer un par de conclusiones claras entre tantas opiniones, discrepancias, controversias y hasta desavenencias.
La OCM no es más que un mecanismo europeo que apoya los mercados agrícolas con el fin de hacerlos más competitivos. Por tanto hay OCM para muchos productos que con más o menos éxito persiguen proteger y promocionar los productos agrícolas europeos.
Desde su creación para el sector vitivinícola, la OCM ha buscado primar la calidad frente a la cantidad y promocionar la apertura de nuevos mercados en terceros países, es decir, todos aquellos países que no pertenezcan a la UE. Para conseguirlo se han subvencionado medidas como el arranque de viña, la reconversión de viñedos de baja calidad, destinar las uvas a la destilación para la elaboración de licores o bien a la elaboración de mostos, la promoción preferentemente de los vinos acogidos a Denominaciones de Origen y a Vinos de la Tierra, frente a los vinos de mesa... Muchas de estas medidas han sido útiles, otras no han servido para nada y la mayoría han sido pan para hoy y hambre para mañana que es lo que suele suceder con tantas subvenciones. Las ayudas no han enseñado a pescar, como pregona el dicho, sino que han dado un pez. Acabada la ayuda, de nuevo el sector no es capaz de generar rentabilidad.
El otro gran problema ha sido que sólo unos pocos se han podido aprovechar de las ventajas pero la mayoría de los integrantes del sector no han sabido ni cómo abordarlas. Porque otro de los obstáculos de la OCM ha sido la enorme complicación que entrañaba elaborar los planes para acceder a las ayudas. Papeleo y trabas que descorazonaban al más intrépido. No se han facilitado las cosas y al final el pequeño viticultor, la bodega familiar no ha tenido acceso a sus beneficios. Sólo las grandes corporaciones con grandes estructuras, capaces de tener gente dedicada en exclusiva a gestionar y preparar estas ayudas han accedido a ellas y se han beneficiado de ese dinero.
Otro de los problemas ha sido el concepto de vino de calidad. Se prima la calidad sí, pero ¿que entienden en Bruselas por calidad? por ejemplo, ¿un vino de mesa no tiene calidad? eso depende de la intención del que lo hizo y no de la legislación. La realidad es que hay miles de vinos acogidos a denominaciones de origen que son imbebibles y cientos de vinos de mesa deliciosos. La calidad no significa que sea más caro. Los consumidores piden vinos buenos y baratos y parece que eso no existe para nuestros legisladores.
Ahora todo el mundo discute y tiene su propia receta para la nueva OCM. Cada gobierno de cada Comunidad Autónoma presenta sus medidas en función de su partido, cada denominación se pelea con la de al lado para salir ganando, cada asociación de cada pueblo protesta contra las nuevas propuestas. La crisis económica también ha propiciado esta lucha. Quizás simplemente deberíamos simplificar las cosas, no buscar la división sino intentar por una vez unir los esfuerzos para salir adelante reforzados.