Diario de León

Ciudades que huyen de la vida moderna

Son muchas las peticiones para pasar a formar parte de la red de «urbes lentas», donde el estrés deja paso a la calidad de vida

Una mujer disfruta de su tiempo libre leyendo un libro en la playa.

Una mujer disfruta de su tiempo libre leyendo un libro en la playa.

Publicado por
A. gil
León

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Una vida sin prisas. Es el sueño de muchos y una realidad para muy pocos que ahora, sin embargo, se pone al alcance de algunos afortunados, los que habitan en las llamadas «cittaslow» (ciudades lentas). Son ciudades en las que la calidad de vida de sus habitantes es la nota dominante y el objetivo conseguido. Se acabaron las horas interminables de espera al volante en un atasco, la comida basura y las prisas continuas para llegar a tiempo a cualquier sitio que, cada vez más, dominan la vida de muchas personas.

Son numerosas las pequeñas ciudades y pueblos españoles que han solicitado pertenecer a la Red Estatal de Municipios por a Calidad de Vida, de la que sólo forman parte hasta ahora cinco ciudades: Begur (Gerona), Bigastro (Alicante), Lekeitio (Vizcaya), Mungía, (Vizcaya), Pals (Gerona) y Rubielos de Mora (Teruel). Para ello, han tenido que pasar un minucioso proceso de evaluación en el que se ponga de manifiesto que realmente son lugares para vivir sin estrés.

Requisitos

El listado de requisitos a cumplir para poder acceder a este selecto club es amplio y se dividen en políticas de tipo medioambiental, de infraestructuras, tecnología y mobiliario urbano de calidad, valorización de las producciones autóctonas, hospitalidad y concienciación. No hace falta mucha imaginación para acertar con algunos de los reclamos necesarios: Proyectos para insonorizar las zonas ruidosas, planes de movilidad y de conciliación de la vida laboral y familiar, zonas verdes o la «tienda amiga»: la buena disposición de los comerciantes para asistir a ciudadanos en dificultad. Todo un remanso de paz que, aunque parece difícil de cumplir algunas ciudades ya lo han conseguido. Lo más importante, la concienciación ciudadana. Sin ella, es todavía más complicado.

El alcalde de Begur, Joan Catalá y presidente de la red española de «Cittaslow», aseguró recientemente a la agencia Efe el «interés creciente» en entrar a formar parte de este club de la excelencia que hace de la lentitud una filosofía de vida «incompatible con el ritmo acelerado de una gran urbe».

Lo que se busca es la lenta sucesión de las estaciones, el respeto por la salud y las tradiciones y las ganas de disfrutar de la vida y de todo lo que esta ofrece. Atrás quedan el estrés, las miradas contínuas al reloj que nos impiden tomarnos un tiempo para mirar a nuestro alrededor.

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