Le Mans, se consumó la revancha-¦
A dos bandas, en 24 Horas, volvió a revivirse la magia de la Resistencia
Devolver la bola. Puede que el saque le correspondiese a Peugeot, pero el resto de Audi devolvió tan bien la bola-¦ que ganó de tres.
La épica de Le Mans vuelve, cada año, al mágico trazado de La Sarthe donde se disputa -”¡y cómo!-” la más famosa carrera de Resistencia que el mundo haya conocido.
Peugeot monopolizaría entrenamientos, parrilla y gran parte de la carrera. Agazapados los germanos, tapados ellos, Audi conseguiría imponer sus tres coches en las tres primeras plazas bajo la ajedrezada, con la formación gala mirando desde los boxes como los cuatro aros firmaban un triplete que, en el cómputo general, suponía su novena victoria en solamente «12+1» participaciones de Audi en Le Mans.
¿Rapidez versus fiabilidad? Puede ser-¦ aunque también puede que los hados le hayan vuelto -”esta vez-” la espalda a una victoria que, hasta los últimos kilómetros, pelearían los de Peugeot. Con el protagonismo del español Marc Gené, ganador en el 2009 y que en este del 2010 vendería cara su derrota con remontadas tan espectaculares y rebufos tan ajustados, que se diría estuviésemos presenciando más una carrera de F1 que de pura -”y dura-” Resistencia.
Héroes en uno y otro bando, como en las épicas gestas a las que tan aficionados han sido siempre nuestros vecinos del norte -”tampoco nosotros nos hemos quedado a la zaga-”, las del 2010 quedarán en el corazón de los aficionados como las 24 Horas en las que la fría estadística de los vencedores, con todo lo que ello tiene de triunfo, quedará relegada a un segundo plano: lo importante fue la pelea. ¡Y bien que la hubo!.
De nuevo encuadrados en la máxima categoría de las cuatro reglamentadas (LMP1) y con motores diésel, los dos protagonistas principales de la epopeya se adaptaban a las novedosas restricciones impuestas este año por el organizador Automobile Club de l´Ouest para contener la velocidad de los biplazas sport: bridas de admisión más pequeñas y limitaciones aerodinámicas, lo que tampoco impediría a los Peugeot 908 HDI (ganadores de las 12 Horas de Sebring, con Gené, y los 1000 Km. de Spa) ser aún más rápidos que cuando ganaron Le Mans el año pasado.
Por su parte, Audi presentaba un coche totalmente rehecho -”sólo el monocasco y el motor se conservaban-” bajo la denominación R15 Plus: aerodinámica revisada, mayor velocidad punta, nueva disposición de los radiadores, habitáculo más ergonómico y espectaculares faros LED para la noche-¦ consustancial a Le Mans.
Con estos mimbres, el duelo estaba servido, los nervios tan a flor de piel y las espadas tan alto-¦ que hasta el mismísimo director deportivo de Audi, Wolfgang Ullrich -”más germano imposible-” perdía los suyos -”sus nervios-” y le propinaba una monumental bronca (yendo a buscarlo al box y con TV en directo) a su homólogo de BMW Motorsport por el incidente en pista entre uno de sus pupilos, Tom Kristensen, y el de la Bayerische Andy Priaulx en una maniobra que, al decir de la generalidad de los observadores, no había tenido la más mínima intención, sólo un lance de carrera debido, eso también, a la inexplicable fogosidad del piloto de Audi en una carrera de 24 horas. Es posible, muy posible, que el origen de la bulla haya que buscarlo en todo lo que Audi se jugaba en estas 24 Horas de cara a una victoria -”conseguida-” que, para algunos observadores, puede suponer el primer paso de la entrada de Audi en la F1-¦ ¿el próximo año?. Pero esa-¦ es otra historia.
La que ahora nos ocupa, la de las 24 Heures de la revancha, se resume en un triplete que vale su peso en oro para Audi; la de la amargura de Peugeot, que no pudo revalidar victoria y la de una carrera tan distinta a todas, que continúa alimentando la mítica iconografía de Le Mans. Tanto y tan bien la alimenta, que este año hasta se rememoró aquella mítica carrerina , salida «tipo Le Mans» desaparecida en 1969, de los pilotos hacia sus coches-¦ sólo por el placer.