Diario de León
Publicado por
Ruth de andrés
León

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enóloga

Soy de la opinión que las cosas se aprecian cuando se conocen en profundidad y se valoran en su justa medida cuando descubrimos y comprendemos sus singularidades. Algo así pasa por ejemplo con los vinos de la Borgoña, a menudo incomprendidos y en general con regiones peculiares. Como es el caso del Valle de Aosta.

Aosta es la región alpina por excelencia pues alberga, al menos en la versión italiana que no en la francesa, el Monte Bianco, más conocido como Mont Blanc. La montaña más alta de Europa. No vamos a hablar aquí de las increíbles montañas, lagos o bosques de la región. Un magnífico paisaje. Vamos a hablar de los vinos. Porque aunque parezca increíble ésta es una zona donde se cultiva a viña y se hace vino. Quizás el mérito debamos asignárselo a los borgoñeses, que invadieron estas tierras hace siglos y trajeron las primeras viñas. Se ve que no podían vivir sin el vino.

Desde luego, unos cuantos siglos después me sigue pareciendo un acto heroico. Las condiciones son duras y sin embargo han logrado vinos que podemos calificar como más que dignos. Las temperaturas en invierno llegan a los 15 grados bajo cero y en verano raramente superan los 25, la nieve cubre el paisaje de noviembre a mayo y el agua corre a borbotones por toda la región. Sin embargo, desde hace siglos los valientes viticultores valdostanos se las han ingeniado, inventando técnicas de cultivo, probando variedades y ensayando vinificaciones hasta lograr su objetivo.

El resultado de años de investigación es especialmente meritorio en viticultura. Lograr uvas maduras en estas condiciones es harto complicado. Hay que tener en cuenta que los viñedos más altos están plantados a más de 1200 metros de altitud. En primer lugar, los valdostanos han seleccionado e incluso adaptado a través de los siglos variedades de ciclo corto y resistentes al frío y la humedad. En segundo lugar, el método de cultivo es tremendamente original. Utilizan una especie de emparrados, altos y aireados que mantienen las uvas separadas del suelo y por tanto a salvo de la humedad. Pero además los emparrados se colocan en forma de U con el fin de conseguir la máxima insolación. La viña se planta en las empinadas colinas orientadas al Sur que aseguran más temperatura, menos meses de nieve y más sol que las orientadas al Norte. Por último, ha habido una idónea selección de suelos, que se ha ido realizando a través de los siglos. Allí donde se planta la viña, el suelo es pizarroso y granítico con poca profundidad y relativamente pobre. Así se favorece el drenaje y se evita una sobrealimentación de la viña que sólo llevaría a un exceso de producción y a una maduración incompleta.

Tantos esfuerzos ofrecen recompensas. Un estupendo vino blanco, especialmente el Blanco de Morgex: fresco y vivo, con capacidad de envejecimiento y un sorprendente aroma. Los tintos son ligeros y delicados, con aromas de fruta fresca y recuerdos de bosque. No podíamos esperar algo robusto y fuerte, sin embargo el encanto reside en su sutileza.

Las vacaciones sirven para descansar y desconectar pero también para hacer nuevos descubrimientos. Este ha sido el mío.

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