El Valle Gordo se engalana
Gentes de Omaña y el Bierzo acuden cada verano a Posada a la romería a recoger las bollas de San Roque, pequeños panes bendecidos
La localidad de Posada de Omaña en el alto Valle Gordo celebra sus fiestas a mediados del mes de agosto, como muchos otros pueblos en nuestra provincia, coincidiendo con la Asunción de Nuestra Señora y San Roque. Pero las de Posada, que han sido y siguen siendo un referente para los pueblos de la cabecera de Omaña y también para los de la cuenca de Tremor, al otro lado de la sierra, mantienen en buena medida las tradiciones que las han singularizado, y las siguen haciendo peculiares entre otras festividades de igual signo. En sus montes se levanta la ermita de Nuestra Señora de Peña Furada o de La Casa, en la que cada 15 de agosto se congregan gentes de Omaña y del Bierzo, que acuden con devoción a honrar y celebrar a su patrona, cobijada en una pequeña ermita con un caserío anexo.
La romería de la Casa, da paso al día siguiente, festividad de San Roque, a las celebraciones en honor de este santo, abogado contra la peste, que tienen lugar en el pueblo de Posada, donde de nuevo se concentra toda la gente del contorna para al finalizar la novena recoger «las bollas de San Roque», pequeños panes bendecidos, que se reparten a la puerta de la iglesia y en la plaza a todos los cofrades y al resto de concurrentes.
El día de Nuestra Señora
El 15 de agosto es un día señalado en el Valle Gordo. Desde primeras horas de la mañana el camino que desde Posada lleva a Tremor de Arriba ve desfilar a las gentes de Omaña, que en pequeños grupos y como una pequeña corriente colorista van ascendiendo la empinada ladera para coronar el collado de Pando hasta dar vista a los Ríos de la Casa, y descender después hacia la ermita de Peña Furada.
La ermita es una construcción sencilla de una sola nave con un pequeño pórtico a los pies. La virgen de la Casa es muy venerada en todo este contorno. Ante cualquier problema, adversidad o dolencia, la gente, en particular de Omaña, ofrece una misa en esta ermita y se compromete a venir hasta aquí para darle las gracias por el favor conseguido. No es por eso extraño el fervor que se advierte en las mujeres que de rodillas dan una vuelta alrededor del santuario, o en aquellos que se ofrecieron a ir descalzos.
La procesión va encabezada por los pendones de los pueblos de Posada, Torrecillo y Vegapujín, que llevan los mozos de cada uno de ellos, uno de los cuales va delante portando la cruz parroquial. Sigue detrás la imagen de la Virgen sobre unas andas de madera que pujan por turnos las mujeres de la zona, y seguidamente los fieles juntamente con el sacerdote que atiende en todo el Valle Gordo.
El día de San Roque
El día 16 de agosto es también especial en Posada. La festividad de la virgen de la Casa se alarga al día 16, en que se celebra San Roque. Al igual que Nuestra Señora, es una fiesta que de nuevo vuelve a reunir, en este caso en Posada, a toda la cabecera del Valle Gordo y también a las gentes de Tremor.
La celebración de San Roque viene caracterizada por la existencia de una cofradía que lleva su nombre, de la que son miembros la mayor parte de los habitantes del valle, y también de los que regresan estos días a sus pueblos de origen. Los actos giran en torno a una novena que da comienzo el 7 de agosto. A lo largo de los días siguientes y a la caída de la tarde, los vecinos de Posada entonan en la iglesia los gozos de San Roque, un pequeño romance de peculiar musicalidad. El chico de mejor voz o en su defecto el párroco -”en estos últimos años lo venía haciendo el padre Samuel Rubio, que es natural de la localidad-” va desgranando las estrofas en las que se relata la vida del santo. la salida de la iglesia el reparto de bollas a todos los cofrades y asistentes.
El reparto se efectúa conforme a cada pueblo, leyendo los nombres de cada uno de los integrantes de la cofradía, que se adelanta para recoger las bollas que le corresponden. Por norma se guardaban para cuando una persona cayese enferma.
La cofradía de San Roque se mantiene pujante en la actualidad, y la tradición del reparto de las bollas que es uno de los actos más concurridos del valle. Los cofrades pagan una pequeña cuota, rindiéndose cuentas cada año, y dedicando además la misa del día 16 por los cofrades difuntos.
La cofradía de Nuestra Señora de Peña Furada, en cambio, ha desaparecido y con ella la costumbre del reparto de vino, bollos de pan y queso en la ermita el 15 de agosto.