Bolillos y husos, de la mano en La Cabrera
El taller de rapacejos del Museo del Encaje de Villar del Monte anima a hilar a las cabreiresas
E l taller del Museo del Encaje de Villar del Monte se estrenó hace unos días con el curso de rapacejos -”trabajo de nudos con los bolillos de origen árabe, conocido popularmente como macramé-” que su directora, Natividad Villoldo, impartió durante a una semana a un grupo de alumnas de la escuela de Temse (Bélgica).
Esta escuela, con la que el Museo del Encaje de Castilla y León mantiene intercambios desde hace veinte años, está dirigida por Nadine Pawel, propietaria de dos casas en Villar del Monte que pronto se convertirán también en museo.
La curiosidad y el buen tiempo animó a las encajeras a trabajar en la calle, a la sombra de las viejas paredes de piedra y hiedra del pueblo, que en el taller. El taller se convirtió en un acontecimiento para el pueblo, prácticamente deshabitado en invierno pero a rebosar en el mes de agosto. El taller se encuentra en una sala anexa al museo, que antiguamente fue cuadra de una vivienda.
España y sol son sinónimos para los belgas y decidieron disfrutarlo mientras aprendían el rapacejo. Para el pueblo, las extranjeras moviendo los bolillos se convirtieron en una atracción y un aliciente para recuperar sus tradiciones textiles.
Mientras las belgas aprendían las técnicas que practicaron las moriscas para hacer flecos, especialmente a partir del siglo XVI, tres mujeres de Villar del Monte comentaron: «Nosotras eso no lo sabemos hacer, lo que sabemos es hilar».
Dicho y hecho. Magdalena Pacho, Aurelia González y Marcelina González rescataron los husos de sus casas. El acontecimiento, no se sabe cuánto tiempo hacía que no se hilaba en Villar, fue anunciado al pueblo a toque de campana por la chiquillería. Muchos vecinos se acercaron al museo para «admirar uno de los oficios que conocieron en la niñez y que hacía muchos años no habían vuelto a ver».
La ocasión sirvió también para dar a conocer a los veraneantes el Museo del Encaje «hasta la cocina», como señala su promotora. Las puertas no se cerraron hasta la medianche. «Parecía imposible que hubiera tanta gente», comenta admirada la directora. Una fiesta improvisada y sin costes para el erario público. Alguien echó en falta el manal y lo rescató de su casa para que la exposición esté al completo. También aparecieron colchas tejidas en telares cabreireses y hasta la típica maleta que usaban los emigrantes cuando dejaban el pueblo.
Natividad Villoldo comenta que los rapacejos tienen su conexión con los paños de ofrenda que ha rescatado en La Cabrera y reproducido. «Estos paños de ofrenda, al igual que las toallas de acristianar y otras prendas están rematados con flecos, del estilo de los rapacejos», señala.
Los flecos de Cabrera y Valdería se hacían con telar mientras que para los rapacejos se utilizan los bolillos. El Museo del Encaje, que abrió sus puertas hace un año en Villar del Monte, se completará en el 2011 con una nueva instalación que se restaurará con fondos del nuevo Leader de Montañas del Teleno. En una casa cedida por la Asociación Cultural de Villar del Monte se habilitarán salas de proyecciones, reuniones y biblioteca cuyo fin es rescatar las tradiciones perdidas en torno al pan, los mayos, los juegos, pendones, cestería...
El Museo del Encaje de Villar del Monte es filial del Museo del Encaje de Castilla y León, en Tordesillas. A raíz de su apertura se ha creado una escuela de encaje en Castrocontrigo con una quincena de alumnas.