Diario de León
Publicado por
Ruth de andrés
León

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enóloga

Últimamente, asistimos a un renacimiento de los vinos blancos en nuestra zona. Tras la explosión de los tintos que ha tenido lugar los últimos diez o doce años, los blancos comienzan tímidamente a reclamar su puesto y ya tenemos en el mercado interesantes proyectos de vinos blancos leoneses, que ofrecen calidad y originalidad.

Siempre se ha dicho que el clima mesetario no era el más adecuado para la elaboración de vinos blancos. Sin embargo en otros países nos encontramos con ejemplos de vinos blancos estupendos nacidos de climas continentales. Quizás los técnicos teníamos demasiado fijado en la cabeza el esquema de los vinos alemanes o, para irnos a un ejemplo más cercano, el concepto de vinos gallegos. Este tipo de vino blanco se basa, por un lado, en variedades de uva muy aromáticas, casi florales, con gran personalidad; y por otro, en un clima en el que la maduración es difícil, por lo que el resultado que se ofrece son vinos ácidos y con baja graduación alcohólica. Esto último cada vez es más infrecuente en la zona de Rías Baixas, donde el contenido alcohólico se aleja de las tímidas cifras del pasado alcanzando sin dificultad los 12 y hasta 13 grados.

Quizás faltaba experiencia pero sinceramente creo que la falta de desarrollo de vinos blancos se debe a la imagen de inferioridad que tenemos de estos productos. Muchos aficionados consideran a los vinos blancos los hermanos pobres de los tintos. Así, el reconocimiento enológico para una bodega llega con los vinos tintos y excepcionalmente alcanza a bodegas que sólo elaboren blancos. Así pues parece que la evolución natural tras haber consagrado nuestros tintos, es dar el turno a los blancos. Bienvenida sea pues esta llegada y estoy segura de que nos dará muchas alegrías.

La ventaja que tenemos aquí es que nuestras dos zonas, tanto el Bierzo como Tierra de León, cuentan con sus propias variedades autóctonas para conseguirlo. Variedades únicas que sólo se cultivan en estas áreas. Godello en Bierzo, que compartimos gustosamente con los gallegos, y albarín, en Tierra de León, que ha sido la gran sorpresa. Esta variedad, casi desaparecida, este año me ha dado una gran satisfacción de la mano de Rafa Alonso, de Pardevalles, quien ha elaborado un blanco 100% albarín, fresco, afrutado, largo en boca y profundo en aromas que promete mucho; tanto que debería hacer que muchos otros se animaran a seguir el camino que acaba de abrir. Las expectativas son notables y, desde luego, la calidad es muy superior a cualquier verdejo de Rueda que tan de moda se ha puesto y que tanto se ha banalizado.

Volviendo al Bierzo, también aquí hay muchos emprendedores que han dado en el clavo. Es cierto que la tradición de la godello era mucho mayor que la de albarín y que ya contabamos con ejemplos, como los blancos de Luna Beberide. Sin embargo, hay que resaltar las novedades como Madai, un sorprendente vino salido de viñas viejas, muy aromático, con notas de frutas maduras y flores blancas. Así como el primer godello lanzado por Peique, un fantástico vino muy representativo de la zona y de la uva, con longitud en boca y buena persistencia.

Les aconsejo que si tienen ocasión los pidan y los prueben. Ya es hora que reconozcamos que la meta de cualquier bodega es hacer un buen vino, sea del color que sea. 

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