Sin recambio de gente y sin control del territorio
Si el medio físico y la altitud fueron factores que condicionaron el abandono del mundo rural a partir de la segunda mitad del siglo XX, la falta de agua, luz y otros servicios lo agudizaron en muchos de ellos, comenta el economista y técnico de la Diputación provincial, José Antonio Álvarez Canal.
Este proceso de emigración estuvo marcado también por el salto de una economía de subsistencia, cuando no de la miseria, a los focos de trabajo que protagonizaron el desarrollismo español tras el plan de estabilización de 1959. El siglo XXI asiste al ababano definitivo de muchos pueblos que cuentan con servicios básicos. La gente mayor, los últimos vecinos, huyen a las cabeceras de comarca o a las capitales en busca de seguridad y comodidad. «En esta despoblación interviene la distancia a los centros prestadores de servicios», subraya Canal. Se busca la cercanía a hospitales, centros comerciales... La atracción por lo urbano es un hecho incontestable. «No hay remedio para la despoblación de ciertos pueblos», asegura el experto.
Las repoblaciones de los últimos veinte años en siete pueblos desaparecidos por despoblamiento -” 19 en el siglo XX-” son casi anecdóticas aunque a la postre singulares come es el caso de Matavenero y Poibueno, en los Montes de León. Tras intentos por resucitar entidades disueltas, como es el caso de Prada de la Sierra, planea la sospecha de intereses por el patrimonio comunal.
«El recambio generacional es imposible», apostilla el geógrafo y profesor de la Universidad de León, José Cortizo. Como mucho, vaticina, «mantendrá el vínculo vivo la generación posterior a los habitantes actuales». El proceso de despoblación, pueblos sin gente, derivará en despoblamiento o pueblos abandonados.
La falta de población genera un problema de gestión del territorio, advierte el geógrafo, que coloca a estas zonas en una situación muy vulnerable. «Se produce un vacío que pueden aprovechar empresas con proyectos depredadores que no encontrarán contestación vecinal porque no hay masa crítica», subraya y apunta como ejemplo algunos parques eólicos.
La desparición de la gente en los pueblos supone, según Cortizo, «una pérdida de tradiciones, de usos del suelo y de costumbres». Son, en definitiva, «pequeñas pérdidas que se van sumando».
Esta situación afecta al conjunto de Europa pero es especialmente grave en España. «En Suiza hay pueblos perdidos donde se fabrican relojes», comenta Cortizo. En España, la explosión demográfica de los años 60 y la falta de recursos fueron el detonante del proceso migratorio del mundo rural en España, que contribuyó notoriamente a la reconstrucción europea con mano de obra en Alemania, Suiza, Holanda, Bélgica, Francia...
También la política franquista, con la definición de los polos de desarrollo en el plan de 1959 contribuyó al vaciado rural. Barcelona, Bilbao y Madrid fueron los principales destinos de la emigración leonesa, focos ávidos de mano obrera. Como lo fue Avilés, en Asturias, tras el nacimiento de Ensidesa.