Diario de León

Desde el siglo XII hasta la globalización

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León

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Las minas de Almadén se conocen como tales desde la época romana. Más tarde, los árabes también las explotaron -“Almadén procede de la palabra árabe al ma dani yun , que significa la mina o el mineral-” y no cesó la actividad en las entrañas de esta tierra hasta que la Unión Europea acordó la prohibición de extraer mercurio a principios del siglo XXI por su elevada toxicidad. Una vez cerradas estas explotaciones, el objetivo de Almadén es que este complejo arquitectónico de la minería sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Lo avalan su estado de conservación y su rica historia. Así, se sabe que en el siglo XII la mina tenía una profundidad de 450 metros y en ella trabajaban más de mil obreros. Tras la Reconquista, la Orden de Calatrava se encargó de estas minas que alcanzaron su momento de apogeo en el siglo XVI, cuando el mercurio se convirtió en algo muy valorado por su utilidad para amalgamar el oro y la plata procedentes de América. De hecho, llegaron a construirse barcos especialmente diseñados para el transporte de mercurio. A principios del siglo XVI, Carlos I tuvo que arrendarlas a la familia de banqueros de los Fugger (los Fúcares) para pagar los préstamos que había recibido para sufragar su coronación como emperador. Algo parecido volvió a ocurrir a mediados del siglo XIX cuando el Estado debió cederlas a la banca Rothschild para el pago de créditos.

Desde entonces y a medida que pasaban las décadas y descendía la demanda de mercurio, la actividad en estas minas fue a menos hasta que sus puertas cerraron en el 2002.

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