«Me encantaría hacer un 'Fargo' a la leonesa»

Manuel González compra a una castañera en Madrid tras preguntarle si su producto es berciano
M anolo Recicla fue la obra que dio a conocer a Manolo González como realizador original, al director que mira y ve más allá del objetivo. Que cuando cuenta una historia está lanzando mensajes en una botella en diferentes direcciones. Se puede decir que va a saco, con toda sensibilidad. Que retrata sin concesiones, pero dibuja con delicadeza. Que construye sus historias, como si todos, en el fondo, tuviéramos algo de desheredados de unos sueños que solo se cumplen en la imaginación.
Luego practica también la disección entrañable de las cosas. Como cuando, con motivo de esta entrevista, se queda un rato hablando con una castañera de la céntrica plaza de Bilbao, en Madrid, al hilo de si las castañas son o no del Bierzo. La señora, Angelines, así se llama, asegura que sí y le vende, además de tres euros de producto, la heroicidad indiscutible de décadas al pie del carbón y ahora del gas. Pero, en el fondo, todo es realismo.
Así, Manolo González, de Manolo recicla a Propios y extraños , pasa del realismo de la mendicidad y la chatarrería a otra forma, en este caso, con la ficción como mango de la sartén, de hacer también realismo. Puro y duro González.
Manolo Recicla se le apareció mirando a través de la ventana de su casa, en Madrid, en donde vive desde hace diez años. Veía a ese mendigo que siempre estaba cargando cosas en un carro y llevándolas de aquí para allá y vio una historia. Se metió en ella hasta las entrañas, con esa intensidad que pone a prueba hasta la salud y la resistencia sentimental.
Pero la historia de Manolo González es la de un bombero sin vocación, porque, tal vez, haya aquí un pirómano de los sentimientos. Pero sí, este leonés nacido en Laguna de Negrillos, en 1967, que adora su provincia, su gastronomía sus caldos, o, más en concreto, el Barrio Húmedo no tenía en su horizonte el cine como meta. «De joven estudié en los Agustinos, en el Juan del Enzina en el nocturno... Viví en León y me gustaba mucho. Como todos, en mis años, yo fui el rey del Húmedo», explica con humor.
Y aunque en su vocación no estuviera presente el mundo del celuloide, sí había cine alrededor, en películas que veía y que le removían. Pero lo que entonces se cruzó delante de sus narices fueron unas oposiciones a bombero. Y la experiencia no pudo ser peor. «Estuve a punto de ser bombero. Aprobé todo. Tuve unos resultados muy buenos y estaba entre los mejores. Pero de manera extraña no aparecí en la lista de aprobados... Me enfadé con León y con España y me fui a vivir a Inglaterra», cuenta con cierta molestia.
De esta manera, González rompió el cordón umbilical con su provincia y, tal vez, con la ingenuidad. Pero aún era pronto para pensar que había sido afortunado: «Aquello fue una injusticia y lo primero que piensas es en la faena que te han hecho», remarca. Pero ya en Inglaterra comenzó a estudiar audiovisuales y después obtuvo una beca en Francia que le sirvió para completar sus estudios y reenfocar, nunca mejor dicho, su vida en torno a la creación audiovisual.
Así estamos ante el hombre que quiere contar historias. Como esta Propios y extraños, que es un guión de su firma que le sirvió para ganar un premio de la SGAE que le permitió viajar a EE.UU., en donde pudo enseñar su guión a los productores de la meca del cine comercial. «No gustó, porque ellos prefieren historias que no sean tan duras. Pero la experiencia fue muy interesante».
Y ya puestos a pensar en que el cine también se asocia a lugares, si las historias de Manolo González resultan duras, ¿qué tal hacer algo en León? ¿Cómo sería? «Me encantaría hacer una peli en León. Así, a bote pronto, se me ocurre que tendría que ser un Fargo a la leonesa. Pero en plan desmadre, sin productores ni nada-¦».
Mientras, quedan las visitas a León a la familia: «Sí, suelo ir a León. Me gusta. Vas a descansar, pero al final casi vuelves más cansado y con algún kilo de más-¦».