Un año de pesadilla

El cuerpo de un hombre infectado por el cólera descansa sobre una cama improvisada.
Casi todo lo que ha vivido Haití en los últimos meses ha llegado por sorpresa. Sin avisar llegó el terremoto del pasado 12 de enero, el desastre natural más devastador en la era moderna con daños valorados en alrededor de 14.000 millones de dólares y 300.000 víctimas mortales.
Cuando el país empezaba a ser consciente de la magnitud de tal desgracia, llegó, también sin llamar, un brote de cólera que, según los últimos datos de la ONU, ha generado unos 97.595 casos confirmados de contagio y 2.193 muertes a causa de la epidemia, cuya tasa de mortalidad en los hospitales es del 3,3 por ciento. Su origen, dos meses después es aún desconocido.
Los haitianos, cansados de tanta sinrazón, se echaron a la calle para protestar por lo poco que se está haciendo por ellos y echar la culpa a las tropas internacionales desplazas al país de llevar allí la enfermedad.
De momento, nada aún se ha solucionado. Miles de personas malviven sin casa propia, aquella que se tragó la tierra. Otros muchos siguen tratando de derribar lo poco que queda de ellas para poder empezar de nuevo. Y muchos más simplemente deambulan por las calles, aún sin comprender por qué las desgracias nunca vienen solas.
Cuando la enfermedad sigue cebándose aún con los haitianos y los peores augurios apuntan a que son muchos meses los que quedan para poder controlarla, las esperanzas de un cambio de rumbo, al menos político, se vieron también ensombrecidas con las elecciones celebradas el pasado 28 de noviembre. Tras conocerse los resultados, que han fijado una segunda vuelta entre los candidatos Mirlande Manigat y Jude Celestin, y dejan fuera al tercer más votado, Michel Martelly, se desató la violencia en el país, dejando al menos cuatro muertos y un número desconocido de heridos. Ahora los resultados serán revisados tras las múltiples acusaciones de fraude.
Haití sigue al borde del precipicio, pero sabe que prácticamente cualquier cosa que venga será mejor que lo vivido en un año de pesadilla.