Charlene ejerce de Grace
Mónaco ya vive la cuenta atrás para la boda que unirá al príncipe Alberto con la ex nadadora, que tendrá 111 títulos como Kelly
En Mónaco ha comenzado ya la cuenta atrás para la enésima boda del siglo. Una resistente y olímpica nadadora de paciencia waterproof se convertirá el próximo mes de julio en princesa monegasca. Se llama Charlene Wittstock y ella es, después de mucho suspense, la mujer a la que por fin Alberto ha dicho eso de: «Quiero que tú seas la madre de mis futuros hijos». De los futuros.
El matiz es importante, pues de los presentes ya lo son una ex azafata togolesa y una ex camarera de Wyoming cuyas posibilidades de seguir los pasos de Grace Kelly siempre fueron equivalentes a cero. Charlene Wittstock se asomó recientemente a las revistas con porte principesco y pose majestuosa. Ella es la nueva señora de Montecarlo. «Amo a Mónaco. Es ya mi país», declara mayestática.
Bien es cierto que ese país, su futuro reino, es apenas una roca. Pero también es verdad que Charlene ya no podrá volver a decir eso de: «menos da una piedra».
Muchas han sido las llamadas y una sola la elegida. Aspirantes a sustituir a Gracia de Mónaco las ha habido de todo tipo y condición (y quién sabe si también de todo género). Con decir que incluso Ana Obregón y Letizia Sabater albergaron alguna vez esperanzas... Pero el insobornable Alberto no ha cedido hasta estar bien seguro de que la candidata reuniera todas las condiciones para emular, con todas las garantías, a su difunta madre. La de él. ¿Se casa Charlene Wittstock con el príncipe Alberto o con el rey Edipo? Eso sólo ella lo sabe. Y puede que ni le importe, como tampoco parece importarle el hecho de que su príncipe azul ya no cumpla los cincuenta, sea veinte años mayor que ella y en su dilatada vida haya manifestado una clara tendencia a perder pelo y a ganar kilos.
La altísima (1,77) y escultural Charlene Lynette Wittstock nació el 25 de enero de 1978 en Bulawayo, Zimbabue (por aquel entonces, Rhodesia), pero tiene nacionalidad sudafricana. Fue miembro del equipo de relevos de 4x100 metros estilos de Sudáfrica en los Juegos Olímpicos de 2000 celebrados en Sidney, donde quedó quinta.
Participó en el Campeonato Mundial de Natación en Piscina Corta de 2002 y quedó sexta. En el 2007 revalidó el título de campeona de Sudáfrica en los 50 metros espalda, pero quedó tercera. Su sueño era darlo todo (y quedar por fin primera) en las Olimpiadas de Pekín del 2008, pero Charlene se lastimó el hombro, Alberto se cruzó en su camino, y la joven nadadora decidió entrar a competir en otra categoría olímpica todavía más ardua y extenuante (comparable quizá al triatlón), la de conquistar el inexpugnable corazón del solterón más empedernido de Europa. Y ahí, sí, tras una interminable maratón (y seguramente, no pocas lágrimas) consiguió llevarse todas las medallas.
Entrada difícil
Y es que por mucho que ahora presuma de tener una extraordinaria relación con sus futuras cuñadas, Charlene no tuvo una entrada fácil. La irrupción de una sudafricana plebeya en la corte del príncipe Alberto (en cuanto a pedigrí sólo tienen en común que ambos llevan sangre de piratas) dio lugar a todo tipo de chascarrillos. Como cuando la candidata declaró que en Montecarlo echaba de menos una boutique de Manolo Blahnik y un Starbucks. Se quejaba de que no la comprendían, que los monegascos no acababan de entender su humor sudafricano (¿tal vez demasiado negro?). La criticaron por acudir a un baile de gala con un vestido verde con las uñas pintadas de rojo (como si en Mónaco, con Estefanía, no lo hubieran visto ya todo) y hasta la llamaron árbol de Navidad y sirenita de Alberto. Pero a alguien con las espaldas y la flotabilidad de Charlene no hay quien la hunda. El 2 de julio, en la explanada del palacio de Mónaco, al aire libre, porque el príncipe monegasco quiere compartir su boda con el pueblo, Charlene Lynette Wittstock dará el sí a Alberto II y se convertirá de golpe en princesa (de un país lo suficientemente pequeño como para no estar en Wikileaks), marquesa de Baux, duquesa Valentina, condesa Carlades, baronesa de Saint-Lo... Y (atentos, que aquí viene lo mejor) 111 veces dama. Exactamente las mismas que lo fue Grace Kelly.