Roberto Enríquez cree que la serie «Hispania» abre un filón importante para los creadores
«Recrear a Viriato seduce»
El traslado de su familia a Valladolid terminó con la tradición minera familiar. Allí le picó el gusanillo de la actuación y, con el tiempo, comenzó a code

El actor berciano Roberto Enríquez besa la mano de una escultura de escayola en Madrid.
Puede que Roberto Enríquez (Fabero, 1968), sin saberlo, esquivara su destino cuando al poco de nacer abandonó Fabero para irse a vivir a Valladolid. Aquella decisión, que, evidentemente, él no tomó, cerró toda posibilidad de continuar la tradición minera familiar. Su padre, sus abuelos, tíos… todos, en algún momento y por alguna razón, pasaron por la mina. Pero aquel cambio, que, en realidad, era un traslado familiar como los muchos que tuvieron lugar en aquellos primeros años 70, abría una puerta que cambiaría la vida de Roberto Enríquez: su vocación de actor allí nació y se desarrolló y se convirtió en un veneno del que, afortunadamente, ya nunca ha podido dejar de alimentarse.
Si diéramos un salto en el tiempo, de aquella década tan de cambio en la que se pasó, de una dictadura, al máximo aperturismo, con todo lo que eso lleva consigo en el mundo artístico, resulta otra evidencia: nada es como antes. Y Roberto Enríquez podría ser un de los mejores exponentes de los grandes actores que aún jóvenes toman el relevo a los históricos, a los Sacristán y compañía, a los que ya han desaparecido, a su generación anterior, para llegar al momento en el que ellos, ya lo hacen, dictan su magisterio con carreras sólidas que ya cuentan tanto con experiencia como con la frescura de gente sobradamente preparada. Como amos del ensayo y el error, el riesgo y el experimento.
Así, Alberto Jiménez, colega y compañero de fatigas de Enríquez, podría ser otro de esos nombres a compartir pedestal con los Luis Tosar, Javier Bardem, Eduardo Noriega… Y en toda esta constelación figura por derecho propio el nombre de este berciano: Roberto Enríquez.
Y se ve que Roberto Enríquez es el actor fiable porque en su carrera se repiten ciertos nombres, que acuden a él como él mismo se presta a las coincidencias. Así, Gerardo Herrero, Patricia Ferreira, Antonio Hernández, o el más joven Daniel Sánchez Arévalo, repiten en una biografía que ahora aparece inundada por ese incontestable éxito que es Hispania, la serie de Antena 3, que, de la mano de Bambú Producciones, ha arrasado en las audiencias y convertido a Enríquez en ese Viriato catódico que termina temporada pero volverá a las pantallas hasta, al menos, finales de este 2011.
Y Enríquez, aunque agotado, se muestra encantado de formar parte y liderar este grupo: «Hay muchas cosas que me gustan de esta serie. Mi personaje, por supuesto. Y darlo a conocer, también. Pero que se trate de una historia que es la Historia de España creo que abre un filón importante. Recrear la vida de Viriato seduce. Te vas a una época 150 años antes de Cristo. Una época remota, en paisajes, vestimentas», asegura el actor leonés sobre esta serie que es épica y que ahonda en conflictos de aquel momento. Y que sin cargarle de responsabilidades didácticas, sirve de paso para conocer aspectos de nuestra historia.
De hecho, para el también protagonista de otra serie que ha dejado huella, como La Señora, cuyo personaje rematará en dos capítulos dedicados a La República, o recientemente La princesa de Éboli, que la ficción busque temas históricos es una buena noticia: «España es un país muy viejo. Con muchas historias que contar. Creo que es bueno que la ficción española apueste por ello. De La princesa de Éboli, por ejemplo, tengo un recuerdo también muy bueno. Y en lo temático también. Fue una época alucinante en la que España era el centro del mundo. Y de La Señora solo puedo decir cosas buenas. Personalmente, fue una oportunidad única. Y el personaje es tan increíble… Además, nunca había trabajado con tanta libertad», cuenta Enríquez.
Escuchando su relato se da uno cuenta de lo mucho que trabaja Enríquez. Máxime si se recuerdan algunos de sus títulos cinematográficos (Gordos, No me pidas que te bese porque te besaré, Vidas pequeñas, Los aires difíciles, Azul oscuro casi negro, Nubes de verano…), o su trayectoria teatral y otros trabajos televisivos. Para él, la intensidad de trabajo no es óbice para que incida en una de sus máximas: «Intento aprender siempre. Como actor quiero aprender y poder crear cosas nuevas. Después de La Señora quería dar un giro. Me gustan los retos y para mi, hacer Viriato lo era. Mi reto en Viriato es llenar de humanidad al héroe».
Y en eso está Roberto Enríquez. Por un lado, con la certidumbre del trabajo bien hecho. Por otro, con un ojo siempre puesto en el día después de la emisión. Por aquello de las audiencias. «Porque la televisión es un negocio de alto riesgo. Muy pocas cosas se consolidan», advierte, además de añadir que «nunca sabes qué va a pasar, porque aunque cuentes con ingredientes positivos, nunca se sabe», afirma. Hispania, hasta la fecha, parece ser un plato bien cocinado. Palabra de Roberto Enríquez: «Es un producto bueno, una apuesta de la cadena, y, finalmente, ha contado con el apoyo de los espectadores. Este es el ingrediente importante. Que una serie funcione es un acontecimiento».