Problemas presupuestarios
Naomi Klein, periodista e investigadora canadiense, musa del movimiento antiglobalización, lo llama Capitalismo del Desastre, ése en el que las fuerzas más conservadoras aprovechan el estado de shock de la población para impulsar su agenda más neoliberal.
Empezó a intuirlo tras la invasión de Irak, cuando Paul Bremer, virrey del nuevo feudo estadounidense, dijo que su prioridad era «corporatizar y privatizar las empresas estatales». Y lo acabó de ver claro en el Nueva Orleáns del Katrina, cuando el congresista Richard Baker se dirigió a un grupo de lobbistas en busca de oportunidades: «por fin hemos limpiado las viviendas de protección oficial», dijo triunfante. «Dios lo ha hecho por nosotros».
Las viviendas públicas que quedaron en pie fueron derribadas, pese a no tener daños estructurales. El resultado: 100.000 ciudadanos negros no han podido volver y Nueva Orleáns tiene a su primer alcalde blanco en más de 30 años. «Sólo las crisis, reales o percibidas, provocan un verdadero cambio», reflexionó ya en 1982 el Premio Nobel de Economía Milton Friedman, asesor de Ronald Reagan. Quienes están preparados para impulsar su agenda se convierten en los agentes del cambio.
Por ese camino se llega a Wisconsin 2011, recordaba estos días otro Premio Nobel más izquierdista, Paul Krugman. Allí es dónde ha reventado la Doctrina del Shock de la que advertía Klein en su libro del mismo nombre. La debacle presupuestaria de los estados era una crónica anunciada desde que estalló en el 2008 la crisis financiera global. Una oportunidad para quienes buscan implementar el capítulo del manual capitalista que arranca poder al Estado y los trabajadores para llevarlo hacia el mercado.
La ecuación no tenía vueltas. De acuerdo a sus propias legislaciones, todos los estados de la Unión menos Vermont tienen la obligación de equilibrar sus presupuestos. El estallido de la crisis y el desempleo galopante ha menguado los ingresos estatales una media del 8%, mientras sus obligaciones sociales crecen en proporción al desempleo y la pobreza. Sólo en sanidad, unos 4 millones más de personas que en 2008 cualificarán para seguros médicos subsidiados, según el Centro de Presupuestos y Políticas de Prioridades (CBPP, por sus siglas en inglés).
Y si bien el paquete de estímulo económico de Washington cubrió en el 2010 un tercio de sus déficit, el plan llega a su fin. Para el próximo ejercicio fiscal sólo quedan 6.000 millones de dólares, que cubrirán menos del 5% del saldo negativo que enfrentan. Además, Washington también tiene sus propios problemas presupuestarios y el nuevo Congreso republicano quiere reducir un 14% los gastos discrecionales de los que salen los fondos para los estados en infraestructuras, educación y sanidad, entre otros fines.
La tijera era inevitable. De los 37 estados que habían hecho públicos sus presupuestos cuando el CBPP cerró su estudio, un tercio había propuesto gastar un 10% menos que antes de la recesión. La cuestión es saber cómo. Los nuevos gobiernos conservadores que emergieron de las urnas en noviembre tienen ahora la oportunidad de poner en práctica su agenda neoliberal frente al llamado estado social: privatización de los servicios públicos, menos impuestos para ricos y empresarios, menos beneficios sociales para los pobres, menos inversiones en infraestructuras, reducción de pensiones y seguros médicos y liberalización del despido de funcionarios, entre otras. Para los economistas de izquierda, esa fórmula agravará la crisis económica.