desafío político en marruecos
Con inteligente rapidez, varias voces de peso en Marruecos han dejado claro que la matanza del jueves en Marraquech no detendrá la reforma constitucional en marcha y, con ella, el proceso democratizador. El propio rey Mohamed VI, en un breve comentario de pesar, hizo saber sabiamente su «determinación para la consagración del proceso democrático» y en Madrid su ministro de Economía y Hacienda, Salaheddin Mezuar, dijo que no habrá en Marruecos «ni un paso atrás» y añadió que la reforma «va a sorprender a más de uno».
Esto implica que se atribuye a la rama local de Al-Qaeda alguna clase de cálculo político o, dicho de otro modo, que los terroristas atienden al escenario institucional y social en curso. Es una percepción muy juiciosa y alejada de la versión, extendida pero poco solvente, de que los terroristas extienden -˜el terror por el terror-™, para desmoralizar a sus adversarios con la violencia. La parte positiva de la atroz masacre es que permitirá probar que la democracia y la procura del consenso social son los mejores antídotos contra el terror.
En Marruecos parece claro que el régimen, tardando un poco más de lo aconsejable, ha entendido el mensaje expresado por la llamada -˜primavera árabe-™ en curso. Allí, por mucha de tradición propia y anclaje cultural específico, la demanda central es la habitual: más latitud para hacer política, ningún miedo a la coacción del poder, pluralismo y atención al bien común.
En Europa debemos acomodarnos para entender lo que sucede en Marruecos, a que, además de una arraigada cultura autoritaria en el poder y entre la clase política, «la religión aún ocupa un lugar central en el proceso de legitimación de cualquier proyecto alternativo de sociedad», para decirlo con palabras del insoslayable Mohamed Tozy.
Los terroristas de Marraquech, poco aficionados a la especulación política, actuaron también en otras circunstancias, como, como las de abril del 2003, con los terribles atentados de Casablanca. La diferencia es el corto y contundente mensaje real: el proceso democratizador no se detendrá.