toribio alonso prieto
Mano ancha, buen corazón
fue campeón de españa de pelota en los setenta, jugó contra los más grandes y hasta se empeñaron en hacerle pasar por vasco: «Que soy de león, coño», decía

norberto cabezas
Murió tu chico, oye, que murió tu chico!». El padre de Toribio Alonso no daba crédito al vecino que llegó un día anunciándole aquello a grandes voces. «¡Pero cómo va a ser eso, si está ahí detrás con el ganao !», respondió él. Y allí estaba, en efecto. ¿Qué había pasado? Pues que un chaval de Cabreros había mandado una carta al alcalde y a la organización del Campeonato Juvenil de Pelota anunciando que Toribio -campeón de León con 16 años- había fallecido, y por tanto le tocaba a él, como segundo, viajar a Francia a jugar los Juveniles. «Me lo confesó después de 40 años. 'No te mato porque ya somos mayores', le contesté». Quién sabe lo que hubiera sido de nuestro paramés -que desde guaje perseguía cuanta pelota se encontrara para darle con la palma de la mano-, si hubiera ganado el Europeo aquel de Francia. «Aunque vete a saber, a lo mejor mi padre tampoco me habría dejado hacer el viaje. En 1952 gané mi primera copa en La Bañeza, pero me tuve que escapar para ir a jugar. Era tan delgadín que a mi padre le decían: 'Quita a tu hijo del frontón, que se te consume allí'».
Aquellos primeros trofeos le llenaron de ilusión. Comenzó llevándoles las zapatillas a los jugadores de aquel Páramo leonés que hervía de afición por la pelota y acabó disputando partidos en todas partes. En Valladolid, haciendo la mili, les pintó la cara a unos reclutas mientras dormían y, en castigo, le raparon la cabeza y le metieron dos meses preso en el calabozo. Pero llegaron los partidos y un alto mando ordenó que lo sacaran aunque tuviera que jugar sin pelo. «Tenían una disputa dos periódicos, El deportivo , de Bilbao, y otro, por si era o no vasco -cuenta-. 'Que no, coño, que soy de un pueblo de León', respondía yo. Y volvían: 'Bueno, pero trabajó aquí'. Y yo, otra vez: '¡Que no, que no he trabajado nunca en el País Vasco!'
Toribio vivió momentos de gloria -«ganaba 12.000 pesetas por partido; a Gento, buen amigo mío, de aquélla le pagaba el Real Madrid 40.000 al mes»-, en Anoeta, el Olimpo de la pelota, le entregaron la copa al Mejor Deportista y, representando a Asturias -vivió 40 años allí, dedicado al negocio de la construcción- alzó, en 1973, la entonces Copa del Generalísimo ganando a la mismísima Navarra.
De todos modos, nunca quiso hacerse profesional. «Yo no me dejo mandar por nadie, así que iba a donde me interesaba». Y hoy asiste un poco perplejo al enorme descenso de afición y de impulso institucional a la pelota en León. «En toda esta parte, desde La Bañeza a Valencia de Don Juan, si en un pueblo había 3.500 vecinos, 1.000 eran jugadores», informa. «Luego ponen frontones en sitios donde no saben ni lo que son», tercia.
Unanue, Arroyo, Irujo... jugó con los más grandes, precisamente ante los que se crecía, y a muchos los llevó a competir a su pueblo. Y fue durante algunos años pareja deportiva de un paisano suyo, un labrador muy recio que cuando salió a jugar a Madrid por primera vez y en un hotel le preguntaron qué quería de postre, dijo: «Mmmm... yo un plátano de esos, porque estoy harto de tanta fruta».