escasa progresión
aunque las perspectivas de ventas para e-books a medio plazo son halagÜeñas, la realidad es que sus ingresos siguen a la baja
La implantación en España del libro electrónico es muy lenta.
Se imaginan al director de la Real Academia Española anunciando su dimisión por su desacuerdo con la llamada Ley Sinde? Seguramente José Manuel Blecua se debatiría entre la incredulidad y la carcajada ante semejante proposición. Al contrario que el cine o la música, la literatura y las nuevas tecnologías parecen resistirse a un matrimonio forzoso: sólo el 1% de los lectores españoles admiten leer en e-readers y el libro electrónico supone una parte marginal en la facturación del sector.
¿Será que el lector español es un iconoclasta apegado al papel o es que Amazon no se ha implantado con fuerza aquí? El gigante librero registró un primer trimestre récord, con ingresos superiores a los 10.000 millones de dólares, en el que vendió por primera vez más libros digitales que tradicionales. En concreto, un 15% más. La noticia no ha hecho más que alimentar el entusiasmo de quienes anuncian el fin de la imprenta, ya azuzados por las cifras globales del sector: en el 2010, el mercado del libro sin papel creció un 200%, según la consultora Futuresource. Se vendieron más de 90 millones de unidades, que generaron ingresos por valor de más de mil millones de euros. La mayor parte del pastel se quedó en Estados Unidos, que supone un 80% del mercado en la actualidad, aunque Europa comienza a abrazar la misma tendencia y suma un 10% de la cuota con Reino Unido a la cabeza. Esto no ha hecho más que empezar: la consultora prevé que en el 2014 el mercado europeo crecerá hasta los 6.000 millones.
En España cae el mercado
A cuatro años vista, este objetivo parece una quimera en el sistema español. Aunque fuentes como Todoebooks hablan de un crecimiento superior al 200% en el consumo, y a pesar de los más de 80.000 dispositivos de lectura vendidos la Navidad pasada, el mercado sigue siendo demasiado pequeño como para preocuparse. «Sobre todo cuando el negocio no pasa precisamente por su mejor momento», explica el director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (Fgee), Antonio María Ávila. Según sus estimaciones, libreros y editores cerraron el 2010 con pérdidas cercanas al 4% en el mercado interno. Mal dato después de que en el 2009 los ingresos cayeran un 2%, tras cuatro años de subidas. Es más, la mayoría de las Ferias del Libro celebradas esta primavera han bajado sus ventas; por ejemplo, un 4% la de Madrid.
El negocio, que da trabajo a 30.000 personas, se queda cerca de los 4.000 millones de euros de facturación si se suma el positivo sector de exportaciones. Más o menos, los mismos datos que en el 2005. Y es que esta mala racha solo se debe a la crisis económica en parte. A su juicio, la caída del consumo del libro del texto, debido a «políticas educativas erráticas que poco tienen que ver con la economía», es la principal causa.
Por ahora, la receta del éxito editorial sigue anclada en el más de lo mismo, incluso con los títulos: Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet, fue el libro más leído en el 2010. Y es que, según explican desde la Fgee, el éxito del e-book depende del cristal con el que se mira. «Nuestros estudios reflejan que el libro electrónico, en términos globales, sólo supone el 3% del mercado estadounidense, es decir, 550 millones de dólares en un negocio de 25.000. En Alemania o Reino Unido la cuota no llega al 2%. En España, en los dos últimos años nos movemos en una horquilla entre los 60 y los 80 millones de euros de facturación. Entre el 1% y el 4% del total de ingresos», resume Ávila.
A pesar de su escaso impacto, el libro es consciente de que la electrónica puede convertirse en su futuro. Las principales editoriales y los libreros se han sumado a la lista de apoyos de la polémica Ley Sinde. Lo hacen para prevenir antes de curar: la literatura no llega a la tasa de piratería del negocio musical, un 97,8%. Sin embargo, las descargas ilegales de libros han subido del 19,7% al 35,1% en seis meses, según los productores.