Diario de León
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El próximo jueves, 11 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de Santa Clara, que ese mismo día del año 1253, moría en olor de santidad en su pueblo natal de Asís a los sesenta años de edad y cuarenta y dos de vida religiosa. Estas fechas no serían de especial significación si no fuera por celebrarse justamente en este año el VIII Centenario de la toma de hábito, de manos de San Francisco, después de abandonar su casa paterna el Domingo de Ramos del año 1211. Hija del noble asiense, Favorino y de su mujer, Hortulana, quien ya durante el embarazo «había encomendado a Dios el fruto de su vientre, oyendo una voz que la dijo que daría a luz una antorcha que iluminaría toda la Tierra», por lo que la puso el nombre de Clara.

Con este motivo, y por el respeto y cariño que siempre hemos profesado a nuestras vecinas Clarisas del convento de las Descalzas en la antigua calle de la Canóniga —hoy Cardenal Landázuri—, les dedicamos este apunte en señal de solidaridad con su particular filosofía de la vida y felicitaciones en el octavo centenario de su andadura vital.

El convento de la Santa Cruz, al que están adscritas estas religiosas descalzas de la Primera Regla de Santa Clara, se construyó a principios del siglo XVII, después de que la fundación hubiese sido concedida por la Orden Seráfica a instancias de los devotos señores, don Francisco y don Diego de la Calzada, apoyados por el arcediano de Saldaña, don Pedro de Quiñones Canseco, y ya en 1605 se asienta la primera comunidad de religiosas, procedentes de Gandía, encabezadas por la Madre sor Magdalena de Borja, como Abadesa; sor Juana de Cardona, Vicaria; sor Margarita de la Cruz, Portera; y sor Isabel Ana, Maestra de Novicias. Fueron recibidas en la ciudad por el Corregimiento Municipal y los Cabildos Catedralicio e Isidoriano, ampliamente acompañados por sus respectivas corporaciones y pueblo en general.

Convivencia leonesa

A pesar de las profundas remodelaciones realizadas en épocas recientes, nuestro apunte atiende al establecimiento primitivo, que pronto cumplirá los cuatro siglos de permanencia entre los leoneses, aunque la iglesia original fue terminada en el año 1665 y costeada íntegramente por el Canónigo de la catedral, don Francisco Baca Flórez y Acebedo, quien fundó además dos capellanías, una en el citado año 1665, dotada con una renta de dos mil ducados y la otra en 1669 con una dotación similar.

De las tierras montañesas de Puebla de Lillo, bajó a servir la primera de estas capellanías, don Manuel Orejas Canseco, que aceptó, entre otras, la condición de decir cuatro Misas rezadas cada semana a la hora que señalase la Madre Abadesa y comunidad, con responso sobre la sepultura del fundador —don Francisco Baca— que reposa en la capilla mayor de la iglesia del convento al lado del Evangelio.

Dada la intención de pobreza que preside la Orden Franciscana, y la severidad de su Regla, tanto la iglesia como el convento presentan una austeridad que delata al visitante los principios en que se asientan las fundaciones de los dos santos de Asís, Francisco y Clara, que instituyeron con el ejemplo la renuncia a los bienes materiales. Sólo de esta manera se explica el enorme número de religiosas afectas a este convento que han vivido y muerto en opinión de santidad, alcanzando muchas de ellas el honroso título de «Venerables», y cuyas biografías ocupan un gran volumen de folios.

Gran parte de estas religiosas han pertenecido a las más esclarecidas familias leonesas, y la tradición cuenta que una de sus Abadesas llegó a serlo después de haber entrado en el convento a los ocho años merced a un milagro ocurrido durante una procesión del «Dainos», en que el Nazareno, con su largo cordón penitencial arrancó a la niña de los brazos de sus padres arrastrándola hasta las puertas del convento, hecho que había sido profetizado por sor Jerónima de los Ángeles, fallecida en el año 1676, según consta en las crónicas que refieren la vida de esta monja.

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