Diario de León
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Cuando China se dice dispuesto a comprar deuda pública de países europeos, en apuros y a salvo, ¿qué compra en realidad? El ejemplo italiano, actualizado por la revelación del Financial Times del lunes de que una misión china estaba en Roma al efecto, es idóneo para contestar a la pregunta: el Tesoro chino es ya propietario del 4% de la deuda soberana italiana y Pekín entiende seguir comprando, si hay una clara voluntad de arreglar las cosas y… tal vez si se le permite, de paso, adquiriendo un buen paquete de los gigantes de la industria trasalpina, Enel y ENI. Las posibilidades chinas al efecto son inmensas y conocidas: la módica suma de tres billones doscientos mil millones de dólares (sí, ha leído bien) en reservas de divisas, de las que una cuarta parte están ya titulizadas en euros, una decisión estratégica que tomó el gobierno chino en su día y ha aplicado con su proverbial disciplina durante bastantes años en lo que en su día fue universalmente interpretado como un mensaje al mundo de que concluía la hegemonía intocable del dólar como moneda de referencia y herramienta comercial universalmente aceptada. ¿Cuándo lo será el yuan, que va camino de una cierta normalización de su valor real para moderar las ventajas comerciales que, legítimamente, critican los norteamericanos?

El primer ministro chino, Wen Jiabao dio una pista el miércoles en el Foro de Davos cuando dijo que «la segunda economía del mundo no puede operar aisladamente y trabajará para mantener el crecimiento global y el doméstico», para lo que recordó la previsión de la Organización Mundial de Comercio de tener a China por una genuina economía de mercado en el 2016, cuando el yuan debería ser, por fin, una moneda convertible en el comercio internacional, lo que cambiará muchos hábitos y será como la expresión plástica de un mundo nuevo: dólar, euro, yuan y para ahorradores tímidos, franco suizo.

El entierro, sin embargo, no tendrá lugar y no solo porque los Estados Unidos aún serán la primera economía del mundo unos veinte años más, sino porque no conviene a nadie. Ahora desde China se quieren grandes trozos de emblemáticas compañías nacionales.

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