Prestigiosa ceremonia griega
En medio del fantástico y caótico espectáculo a cargo de Yorgos Papandreu en Atenas desde el miércoles y entre los encontrados augurios sobre cómo terminaría, un dato iluminó el escenario entre la relativa indiferencia general: la Bolsa de Atenas cerró el jueves con un alza del 1,86%, como si la comunidad financiera y de iniciados a los representa oficiosamente descontara que, dijesen lo que dijesen las radios en la memorable jornada, se daba por seguro que el rescate financiero en marcha se mantendría, se abandonaría la idea del referéndum y el país seguiría en la UE y, por tanto, en el euro.
Gran gerente del show fue el primer ministro del Gobierno (del Pasok, socialista), Yorgos Papandreu, a quien podría convenirle la calificación acuñada por el periodismo francés: él sería un ejemplo de lo que se llama politique politicienne (algo así como política de politicastros) porque está batiendo un récord penoso, el de más veleidoso, imprevisible y desordenado jefe de un Gobierno europeo.
En 48 horas pasó de cooperar lealmente con Bruselas y el directorio franco-alemán a solo dos días de la apertura de la conferencia del G-20 en Cannes, a inventarse nada menos que un referéndum para el que, después de ensayar varias fórmulas de explicación, solo encontró una salida retórica y grandilocuente: solo al pueblo griego corresponde organizar o no un referéndum para una fase del rescate (la sexta, con un monto de 8.000 millones de euros) sin que ninguna de las anteriores haya sido sometida al sí del pueblo soberano. Una explicación algo más barroca propone una dimensión distinta, más personal y con ciertos ribetes clínicos. Papandreu, retoño de una dinastía de políticos de gran porte (hijo y nieto de primeros ministros) imaginó un marco sacralizado para presentar las decisiones ya tomadas in pectore (e insoslayables), de modo que su reputación y su aura quedaran a salvo. Yorgos entendió garantizarse el momento a modo de gran salva de despedida pues si algo, además de la eliminación del referéndum, queda claro es que Papandreu jr. termina su carrera, recomenzada cuando debió sustituir a otro apellido histórico, Kostas Karamanlis.