lo incómodo de un ‘hotel’
El actual y lujoso hotel de San Marcos —que forma parte de la prestigiosa red de Paradores nacionales—que durante siglos ha tenido infinidad de ocupaciones, ha sido conocido, hasta la pasada Guerra Civil, como lugar de represión y encierro. El gran filósofo, Francisco de Quevedo, describe así su estancia en el mismo:
«Aunque al principio tuve mi prisión en una torre de esta Santa Casa tan espaciosa como clara y abrigada para la presente estación, a poco tiempo, por orden superior (no diré nunca que por superior desorden), se me condujo a otra mucho más descomodada, que es donde permanezco.
Redúcese a una pieza subterránea, tan húmeda como un manantial, tan oscura que en ella siempre es de noche, y tan fría que nunca deja de parecer enero. Tiene sin ponderación más traza de sepulcro que de cárcel. ¡Ya se ve!, los que se complacen en verme padecer, no quieren cortar de una vez lo que al fin han de cortar, sino que la frecuencia de los golpes haga más penoso, por más dilatado el martirio, porque así logran más tiempo sus satisfacciones.
He estado todo este tiempo en rigurosísima prisión, enfermo con tres heridas, que con los fríos y la vecindad de un río que tengo a la cabecera se me han cancerado, y por falta de cirujano, no sin piedad me las han visto cauterizar con mis manos».
En un escrito del Convento de San Marcos, se puede leer lo siguiente: A mediados de diciembre del año 1639 llegó a este convento en calidad de preso el pornográfico y mordaz poeta don Francisco de Quevedo, y no recobró la libertad hasta el díasiete de junio de 1643, después de la caída del favorito del rey don Felipe IV, el Conde Duque de Olivares.