Diario de León

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En busca del turismo perdido

el temor infundado a los secuestros de europeos ha ahuyentado a los viajeros, que se olvidan de los parajes patrimonio de la humanidad de los que goza la zona

Dunas de arena dorada del desierto del país norteafricano, donde el gobierno trata de asegurar la seguridad de los lugares turísticos.

Dunas de arena dorada del desierto del país norteafricano, donde el gobierno trata de asegurar la seguridad de los lugares turísticos.

Publicado por
Maaruf Uld Udaa
León

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El terrorismo en el Sahel y los miedos desatados en Europa han ahuyentado a los turistas de Mauritania, un país al que viajaban llegados del frío norte en busca de paisajes desérticos y verdes oasis.

Estos temores nacieron principalmente tras los asesinatos y secuestros de europeos perpetrados en los últimos años por grupos ligados a Al Qaeda en el Magreb Islámico (Aqmi). El asesinato de cuatro turistas franceses en diciembre del 2007 cerca de Aelg, a 260 kilómetros al sur de Nuakchot y de un estadounidense en junio del 2009, mas los secuestros ese mismo año de tres españoles y una pareja de italianos, despertaron un sentimiento de inseguridad entre los turistas occidentales.

Pero de todos estos sucesos, el que supuso un golpe fatal a la imagen del país fue el asesinato de los cuatro franceses que conllevó la casi inmediata anulación del rally París-Dakar, que atravesaba cada año durante varios días el territorio mauritano.

La decisión de anular el famoso rally la tomó el Ministerio francés de Asuntos Exteriores, que fue muchos más lejos y desaconsejó a las operadoras francesas organizar viajes a Mauritania. «Han sido sobre todo las decisiones políticas las que han llevado a esta situación», indicó recientemente Jadiyetu Mint Dua, directora general de la Oficina Nacional de Turismo (ONT), que opina que «hay que relativizar esta amenaza de seguridad porque existe en todos los países del mundo».

Una posición compartida por Idumu Uld Abderrahman, presidente de la operadora turística Faro del Desierto de Mauritania, ya que, según él, el problema real del turismo reside en la «falsa imagen» que se ha dado del país en el exterior. «Los medios extranjeros, sobre todo los europeos, presentan nuestro país como peligroso a nivel de seguridad», explica Abderrahman, que sostiene que lo ocurrido con el rally Paris-Dakar fue «un complot fomentado por grandes empresas automovilísticas europeas que buscaban a toda costa llevar los grandes rallys a América Latina donde tienen importantes intereses».

Para poner fin a la crisis del sector, la ONT desarrolló en el 2010 un plan de marketing que intenta impulsar la oferta turística y expandirla a nuevos países como Bélgica, Alemania, Italia, España y EE.UU. y los asiáticos.

Atractivo desperdiciado

Mauritania posee muchos paisajes desérticos con dunas de arena dorada, verdes oasis a los pies de las montañas y una rica herencia cultural, como las antiguas ciudades de Chinguetti, Ouadane, (norte), Tichit (centro) y Oualata (este), clasificadas por la Unesco como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Según la directora del ONT, el atractivo de estas ciudades hace imprescindible que sean habilitadas para los viajeros, se adecúen la calidad de los alojamientos y se mejore el transporte público para que los turistas puedan visitarlas con facilidad.

Las cifras de la ONT apuntan que 50.000 turistas llegaron en el 2010 a Mauritania en vuelos regulares y por los puntos terrestres de entrada de Nuadibú (frontera norte del país), Diama y Rosso (frontera con Senegal). Asimismo, la Oficina nacional de Estadísticas, referencia oficial, indica que el turismo contribuye con un 1,5% del PIB, pero la ONT considera que la cifra está muy por debajo de la realidad.

Paralelamente a las mejores estructurales y en términos de prestaciones introducidas por los responsables de turismo en Mauritania, el gobierno realiza un esfuerzo sostenido y constante para asegurar la seguridad en todas las partes del país, sobre todo en los lugares frecuentados por extranjeros, ya sean turistas, inversionistas u otros. Unos esfuerzos alabados por el presidente del Faro del Desierto de Mauritania, quien subraya que otro de los problemas es el alto coste del visado de entrada al país: 152 euros en el caso de los franceses, la mayoría de los turistas. «Parece que los ingresos financieros de los visados son importantes para el presupuesto de Mauritania», dijo Abderrahman, que reconoce que Nuakchot gasta enormes sumas de dinero para asegurar el país contra los grupos terroristas y criminales.

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