Irán y Rusia votan a su modo
Un agudo observador político y que no desea ser identificado nos decía hace unos días que advertía algunas concomitancias, identidades incluso, en la conducta de dos regímenes técnicamente elegidos, pero de difícil catalogación desde criterios occidentales estrictamente liberales: Irán y Rusia. El pretexto para unirlos en un comentario lo provee el calendario: las elecciones.
En Irán fue elegido un Parlamento de 290 escaños del que nada realmente nuevo puede esperarse. En Rusia, en cambio, el jefe del Estado, tiene la atribución final y el poder decisorio, de modo que Vladímir Putin sabía lo que hacía cuando decidió volver al sillón tras habérselo cedido cuatro años a Dimitri Medvèdev.
Son gobiernos elegidos, pero también aquí hay diferencias. En Rusia hay literalmente decenas de partidos políticos legales y, en principio, capaces de concurrir a las elecciones y eso vale para nacionalistas de todos los pelajes, místicos erráticos, liberales neocon, socialdemócratas, comunistas del clásico Pcus, formaciones regionales, minipartidos estipendiados por los grandes etc. Y tal no es el caso en el Irán, una República Islámica porque la participación en la vida pública implica una previa y obligatoria adhesión a tal principio y a su expresión práctica, el llamado velayat e-faqih , es decir, la subordinación del Gobierno del Estado y la sociedad a la autoridad religiosa a través de los jurisconsultos (Jamenei y su potente Consejo de los Guardianes).
La limitación es, o parece, mucho mayor en el caso iraní, pero esa impresión se atenúa cuando se conoce la tradición nacional, el esplendor jurídico de la escuela de los grandes ayatolás y la condición revolucionaria del régimen: solo el liderazgo sostenido y audaz de Ruhollah Jomeini a la cabeza de la mayoritaria aspiración social pudo acabar en 1979 con la monarquía impostada y sin tradición. ¿Qué acerca a las dos elecciones y justifica la atención que se presta mundialmente a Moscú y Teherán? Se dicen amenazados por Washington y sus aliados y practican un numantinismo de gusto arcaico, pero que sería tonto ignorar. Y eso, eso. une mucho.