Diario de León

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colpisa

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Pocos enclaves evocan mejor la gloria espacial de Estados Unidos que la inmensa marisma situada al oeste de la península de Florida que los conquistadores españoles llamaron Cabo Cañaveral. Allí se han visto numerosos lanzamientos de naves al espacio que han visto con sus propios ojos millones de personas de todos los rincones del mundo y les ha hecho testigos de la historia. Desde que la Nasa creará allí su centro de lanzamiento más importante hace nada menos que 50 años, un total de 165 misiones tripuladas han traspasado la atmósfera en una aventura que parecía no tener fin, aunque la crisis económica que azota a medio mundo se ha encargado de demostrar lo contrario.

Desde el despegue del último transbordador el pasado mes de julio, la cuenta atrás empezó a contar también para estas sofisticadas instalaciones, abocadas a una muerte lenta si Washington no ponía sobre la mesa un plan para reutilizarlas a partir de ahora.

Tan mal han ido las cosas —los republicanos en el Congreso norteamericano han rechazado un plan de Barack Obama para convertir la base en un centro de investigación público-privado— que los responsables de la Nasa han optado por colgar el cartel de ‘se alquila’ para evitar en lo posible que algunos de los hitos tecnológicos del Centro Espacial Kennedy terminen convertidos en chatarra.

El paquete incluye, entre otros, una pista de aterrizaje de casi cinco kilómetros de extensión —una de las más largas del mundo—, una oruga gigante para mover cohetes, dos plataformas móviles de lanzamiento, hangares para el mantenimiento de los ‘shuttles’ además de la joya inmobiliaria del complejo: un espacio rectangular con una altura equivalente a 52 pisos donde se ensamblaban las Columbia y las Atlantis.

No existe en el planeta un almacén tan grande como éste. Pese a tan sofisticada mercadería, los directivos de la agencia espacial confían en hallar candidatos para los arrendamientos. «Los chinos o los japoneses podrían estar interesados en alquilar las instalaciones para realizar pruebas o experimentos», opina el ex responsable de la Nasa en España Luis Ruíz de Gopegui.

A su juicio, incluso un país pequeño no necesariamente interesado en viajar al espacio vería allí una gran oportunidad para realizar proyectos.

Algunas dependencias de la base seguirán sirviendo a otros programas no tripulados de la NasaA aunque las poblaciones cercanas que crecieron gracias al enorme trasiego de la era de los transbordadores se preparan para tiempos duros.

En la cima de su actividad, el Centro Espacial Kennedy llegó a contar con 18.000 trabajadores, una cifra que ha quedado reducida a 7.500.

El actual director, Robert Cabana, no oculta su nostalgia por los tiempos pasado pero cree que los mejores días están por llegar. En lugar de servir a un solo cliente —el enorme programa de los transbordadores— trabajarán en el lanzamiento de cohetes para la Nasa y para las compañías privadas que compiten en la creación de nuevos vehículos tripulados destinados al turismo espacial.

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