Diario de León

eusebio gonzález mayorga

«La política nos malea»

maestro, alcalde de sahagún, diputado... en la guerra impartía clase a reclutas analfabetos. decenas de generaciones en León y asturias le deben su educación

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emilio gAncedo
León

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Oye, si es que los que somos guapos de nacimiento lo seguimos siendo toda la vida...». Diga usted que sí, don Eusebio, no apee la americana, la camisa bien abotonada, siempre camina elegante este hidalgo terracampino. Especialmente llama la atención lo impoluta y luminosa que lleva la sonrisa, repulida cada día a base de cien saludos y tertulias con vecinos y compadres de su Sahagún querido. Cien años cumple mañana Eusebio González Mayorga, nada menos, y aún le siguen brillando los ojos cuando habla de su larga, larga etapa como maestro, algo que parece tener en bastante mayor estima que aquella en la que fue alcalde de la villa. «La política hace vagos y maleantes», declara.

Nació González Mayorga en Galleguillos de Campos en 1912, de familia labradora (tierras, ovejas, mulas, bastante viñedo —mil cántaros de vino todos los años—); hijo de Lázaro y Juana, el menor y único varón de cinco criaturas. Su madre murió cuando él tenía seis años, hecho que le unió mucho a su hermana mayor, Marcela. Y de niño, ¿qué quería ser usted, Eusebio? ¿Maestro? «No, yo quería ser mecánico a toda costa, así que un día mi padre me cogió y me llevó a León, a la academia que don Valeriano Calvo tenía en San Marcelo. Éste, a su vez, me mostró cómo trabajaban en un garaje cercano: ‘¿Ves? Así vas a estar al menos un año entero, ¡limpiando grasa todo el día!’». Don Valeriano le dijo a su padre que parecía espabilado el pequeño Eusebio: «Este se te hace maestro enseguida».

Dicho y hecho. Cuatro años estuvo estudiando nuestro paisano en la Escuela de Maestros que había en la Carretera de Asturias, y después impartiendo enseñanza primaria a internos en la academia citada. Con 21 años le mandan cumplir el servicio militar en Ferrol, que de aquella duraba 18 meses, y al terminar comienza a preparar unas oposiciones que justo entonces interrumpió la guerra. El Norte, Logroño, Teruel, Levante, Pirineos... Malos tiempos en los que se dedicó a dar clases a los soldados analfabetos y también al papeleo de los mandos; «con eso, al menos, me quitaban del servicio de cocina», narra.

A la vuelta reanudó las oposiciones ejerciendo mientras tanto de maestro interino en las escuelas de Villalebrín y Bercianos del Real Camino. Y ya en 1941 elige destino, el Oriente de Asturias, Colombres en concreto. «El municipio era Ribadedeva, yo lo buscaba en el mapa y no había manera de encontrarlo porque ese es el nombre del concejo, pero no de ningún pueblo en concreto». 18 cursos permaneció Eusebio en esta bella localidad cuajada de chalets indianos, y aquí nació su única hija. Pero, como bien recuerda el viejo maestro, «mandamos nosotros pero hacemos lo que nos dicen ellas». La tierra y su mujer, Iluminada, ya fallecida, que era de Sahagún, tiraron lo suyo y para aquí se volvieron.

A lo largo de otras dos décadas más fue el maestro por antonomasia de la villa, y se jubiló a los 70 habiendo sido también director de las escuelas. ¿Era bueno, don Eusebio? ¿No pegaría usted a los chavales? Este caballero facundino, gran cazador —hasta los 80 pateó las fincas de cereales, escopeta en mano—, sonríe: «No, hombre, no, eso nunca». Eusebio, en los últimos tiempos, daba clase sobre todo a los pequeñines. «Había uno que no paraba de hablar, así que le dije: ‘Ven para acá’. Y él: ‘No, que a lo mejor me pega o peor, me quita el lapicero’».

Un alcalde apolítico

Del periodo de nueve años como regidor recuerda cómo «apenas había dinero», por lo que él mismo debía a veces «adelantar los cuartos». «Pedía un adelanto de 100.000 pesetas al Banco Central y salía yo fiador», explica con verbo perfecto. «No había medios y era muy duro. ¡Además, yo no quería ser alcalde! Lo fui casi a la fuerza», confiesa. «Pero si yo no entiendo nada de política», protestó cuando casi se lo exigieron las ‘fuerzas vivas’. Y para no saber nada, hizo mucho: polideportivo, Casa de Cultura, escuelas comarcales, y la rehabilitación del Ayuntamiento y de los depósitos del agua fueron obras acometidas durante su mandato, cuando fue también diputado provincial. Todo ello es verdad. Y lo acredita con fotos: junto a sus alumnos en 1960, cerca de Sahagún, y tomando posesión como alcalde. «Toma nota, chico», manda.

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